El cretino progre dentro de la Iglesia e incluso el contubernista traidor neoconservador, que son antropocentrístas con matices de distinción, no tienen la verdadera Fe Católica. El primero la aborrece mas explícitamente y se adhiere sin tapujos a la Revolución anticristiana; el segundo la repudia de manera mas disimulada y brega para fusionarla con la Revolución anticristiana.
Como rechazan en el fondo, aunque quizás traten de negarlo, la verdadera Fe y a Dios Padre, Principio de todo, no pueden evitar que su naturaleza humana grite y busque otro padre, por eso canalizan el profundo y atávico impulso a una paternidad protectora a erigir como Padre al Superestado supranacional, al Sistema profundo; al Leviatán.
Y se hacen propulsores de una genuflexión ya obscena al Poder Mundano, en el que depositan idolátricamente su filiación.
Finalmente serán los primeros clarineantes junto con la multitud apóstata y maldita que grite ante el Poder Maligno ya instalado en el mundo que exige sometimiento absoluto y culto latréutico:
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