viernes, 6 de agosto de 2021

LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR- Castellani, Santos Padres, Comentario nuestro (Extraído del II Domingo de Cuaresma)

COMENTARIO
Como ya dijéramos al inicio, nuestro comentario está después de este, del Padre Castellani y después de las citas de los Santos Padres.


COMENTARIO

Vemos en el capítulo anterior del Evangelio que Jesús les dice a sus discípulos

 Porque el Hijo del Hombre ha de venir en la gloria de su Padre con sus ángeles; y entonces dará a cada uno según sus obras. En verdad os digo, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que vean al Hijo del Hombre venir en su reino.

Pues bien, en Transfiguración, Jesús se les muestra a los tres predilectos como viniendo en su Reino. Cumple su promesa.

LOS PREDILECTOS DE DIOS

La realidad es ontológicamente jerárquica. La Creación Dios la estructuró en una jerarquía. Ángeles, hombres, animales, vegetales, minerales, etc.
Y dentro de los seres que forman la jerarquía también hay una jerarquía interna. Sabemos que los ángeles están estructurados en Serafines, Querubines, Tronos, Dominaciones, etc. Nueve coros, de mayor a menor. Los animales también están estructurados: mamíferos, anfibios, peces, crustáceos….hasta llegar a insectos y luegos a bacterias, unicelulares, amebas..
Entre los hombres también hay diferencia, no estructurada con distinción específica como entre los ángeles, los cuales son todos distintos: no hay dos ángeles de la misma especie. El hombre en cambio, es una especie con individuos distintos.
Hoy cunde cierto igualitarismo que proviene del marxismo cultural es, naturalmente, una mentira. No tiene otro propósito que una nivelación hacia abajo; mediocrización, achatamiento. Desaliento astuto del impulso al heroísmo y la perfección. Esto se inscribe en la conspiración de la Revolución anticristiana. Incluso dentro de la iglesia conciliar, al que se esfuerza en perfeccionarse y sacrificarse lo tachan de fariseo y elitista.

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No somos todos iguales; tenemos distintas aptitudes y capacidades. Distintas capacidades de recepción de talentos naturales y divinos. Lo dice la Parábola de los Talentos:
A cada uno según su capacidad…
Hay diferencia natural e innata, que predispone a recibir distintos dones y gracias sobrenaturales, lo dice San Pablo:
¿Somos todos profetas? ¿Somos todos doctores? ¿Somos todos apóstoles? ¿Todos obradores de milagros?
Y en varios pasajes establece una jerarquía dentro la Iglesia según la función que cumple cada uno. Y pone al Profeta sobre los demás. Esto no gusta a los oídos progremodernistas que suelen estar impregnados del estulto igualitarismo antes mencionado; y que no aceptan la Iglesia estructurada en jerarquía, como la fundo Cristo….
Pero además de esta jerarquía innata que podría decirse que está condicionada naturalmente por la personalidad y constitución psicofísica-espiritual de cada uno, existe una diferencia en cuanto al ardor en la Fe, la Esperanza y el Amor.
A Dios le gustan los ardorosos, porque se parecen a Él. Dios no es solo bálsamo y brisa, Dios es fuego devorador.
¡Fuego he venido a traer sobre la tierra, y que angustia tengo hasta que esté encendido!
En sus visiones Santa Margarita María de Alacoque ve al Sagrado Corazón de Jesús como un gigantesco horno de fuego que se consume a sí mismo de amor. Dios es Amor, pero también es Justicia. La ira de Dios es fuego también. Lo pueden atestiguar los habitantes de Sodoma y Gomorra, y quien sabe cuantos de cuantas antiguas y modernas ciudades impías mas…..
Dios se enamora de las almas ardientes, fogosas, que buscan y se entregan con intensidad. Por el contrario, detesta hasta la náusea a los tibios, conformistas, tranquilos en la medianía, que no buscan la Verdad porque no aman en serio.
¡Ojalá fueras frío o caliente! ¡Pero porque no eres ni frío ni caliente, porque eres tibio, te vomito de mi boca!
El calculador anodino que solo busca su bienestar, su comodidad, es indigesto para Dios.
¡Dios detesta la tranquilidad de las almas que predestinó a la batalla! Dice Santa Juan de Arco.





Digamos, aunque ya nos estamos saliendo de lo que hace a este Evangelio, que hay en la cristiandad del último medio siglo una falsa concepción de la paz de Cristo, proveniente del progremodernismo, como comodidad pacífica e inerme en el lecho pecaminoso del Sistema, del Leviathán, del mundo. Los bautizados prefieren ser acunados en la mentira pacífica de la narcosis que brinda el Enemigo.
Volviendo a los fogosos, vemos que Cristo tiene una especial predilección por Pedro, Juan y Santiago, en ese orden; aunque Juan y Santiago está a veces en orden distinto en el Evangelio. Es obvia y notoria la predilección que Cristo tiene sobre Juan entre los hijos de Zebedeo, Hijos del Trueno…Y sobre Pedro entre los tres.
Pedro recibe las Llaves del Reino y la Potestad de la Iglesia, y las promesas. Su inspiración divina en reconocerlo como Mesías es corroborada por Jesús mismo.
Pedro casi siempre delante de todos en arrojo, fe e inspiración divina. Pedro, advertido gravemente en la Última Cena sobre la predilección que también el Diablo tiene sobre él.
Simón, Simón, mira que Satanás te ha pedido para zarandearte como se hace con el trigo, pero yo rogaré para que no desfallezcas. Tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos.
Donde hay algo grande y cercano a Dios en el hombre, enseguida está allí el Diablo para destruirlo.
El Enemigo vislumbró en el sanguíneo pescador galileo, un monstruo….de santidad potencial.
Por ese ensañamiento que el Demonio tiene sobre él, todavía sin Pentecostés, cae profundo y niega a Cristo. Pero luego, arrepentido en profundidad, tendrá un diálogo privilegiado con el Resucitado, en uno de los pasajes más conmovedores y asombrosos de la Escritura.
¿Simón me amas?… ¿me amas más que estos?… Apacienta mis ovejas…
El Dios Eterno hecho hombre parece mendigar el amor de aquel pobre pescador galileo, pecador como todos, pero lleno de una actitud de entrega y fuego para buscar a Dios, que enamora al Señor, y lo pone sobre todos los demás en un trato siempre deferente.
En la oración en el Huerto también Jesús se dirige específicamente a él antes que a los hijos del trueno.
En la Resurrección, los discípulos testimonian entre ellos: ¡se ha aparecido a Simón!
Debajo de él, Juan, el Discipulo amado, así se autodenomina el, también tiene un trato preferencial muy particular. Y Santiago, bajo Juan, también es elegido para asistir a algunos milagros especiales, a la Transfiguración y la agonía del Huerto.
Si, Dios tiene predilectos. Esto no es opone a que el ama a todos los hombres, quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad. Esto debe quedar claro. Pero lo seducen aquellos fogosos que no dudan en entregarse por su amor; los que se tiran al agua del mar para estar con Él aunque sea unos minutos mas que los otros; los que tienen confianza ciega en Él.
Juan y Santiago son llamados por Jesús bonaerges, Hijos de Trueno, por su fogosidad y celo. Querían hacer llover fuego del cielo para consumir a los samaritanos que no recibieron a Jesús. Juan quiere impedir que un exorcista que expulsa demonios en nombre de Jesús, pero no forma parte de los Apóstoles, siga haciéndolo…Ambos hermanos manipulan a su madrecita para que pida a Jesús que les de a cada uno un lugar en el Reino; uno a su izquierda y otro a su derecha. Con el Mesías de las Tentaciones del Desierto en la cabeza, pero demostrando un anhelo de grandeza oscuro y como un diamante en bruto, que el Señor sabrá pulir y embellecer. Ambos están en el Cielo, muy cerca de El, uno a su derecha y otro a su izquierda, y lo estarán también después de la Resurrección en el Mundo Nuevo, por toda la eternidad.
Tienen celo devorador, aunque al principio un tanto desorientado. Pentecostés orientará ese celo profundo por la Verdad que ambos tienen.
Si, Dios tiene sus predilectos. Vemos a Noé, Enoc, Job, Abraham, Moisés, Elías, Samuel, David….Daniel…

Veamos lo que dice el Crisóstomo sobre esto: San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 56,1
Tomó El a esos tres discípulos porque eran los que ocupaban los tres puestos más elevados. Ved como San Mateo no oculta esa preferencia de los tres discípulos, ni tampoco San Juan, que hace mención de las principales alabanzas de Pedro: (Hasta acá el Crisóstomo)
Entre sus predilectos, elige a los tres mas fogosos y amantes para presenciar su Teofanía, su Transfiguración; para que estos tres, por la Esperanza, sostengan a los restantes en la durísima prueba de la Pasión y muerte del Señor.

MOTIVOS DE LA TRANSFIGURACIÓN

Se acercaba la escandalosa Pasión y muerte del Señor, tan humillante y cruenta, truculenta, que aquellos apóstoles no se hacían una idea. De hecho queda claro como les costaba entender que el Mesías debía sufrir. Tenían el alma y la mente impregnada con el Mesías de las Tentaciones del Desierto; Mesías triunfador y liberador político, militar, mundano, inmanente, Dominador imperial del mundo. Tema del que hablamos el Domingo pasado.
Sería muy fuerte el shock que sufrirían; lo suficiente como para hacer desfallecer aquella fe incipiente no confirmada todavía por el Espíritu Santo en Pentecostés.
Hacía falta algo fuerte también para sostenerlos. Nada como la Esperanza verdadera: el anhelo, la vista al frente y arriba, hacia la Trascendencia de Dios, hacia la Eternidad, para poseer las Promesas eternas de Dios y a Dios mismo en el Reino Eterno, Perfecto y sin defectos.
 Porque el Hijo del Hombre ha de venir en la gloria de su Padre con sus ángeles; y entonces dará a cada uno según sus obras. En verdad os digo, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que vean al Hijo del Hombre venir en su reino.
 Jesús se muestra a sus débiles predilectos con una apariencia análoga a la que tendrá en el Día de la Parusía. Los quiere sostener con la Esperanza. La conciencia de la Meta; la visión de Cristo Pantocrator es lo único que puede sostener la adhesión a Dios del hombre en las catástrofes de la vida. Ningún miserable y patético sustituto de la Esperanza sirve. Como veremos, después del II Concilio Vaticano, en el cual la religión católica padeció un aterrizamiento…reducción a lo humano, inmanentización, sujeción al Sistema, genuflexión ante el poder inmanente mundano del Leviathán, se convirtió en Optimismo; como no podía ser de otra manera, de la mano de la estulta, dañina, letal teología neomodernista, encabezada en esto por Rhaner y Theilard de Chardin, pero seguida por los Personalistas y compartida en ciertos tópicos por sus Papas.
Veamos lo que dice San Juan Crisóstomo sobre los motivos de la Transfiguración:
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom.56,1
Hubo muchos motivos para esto. Primeramente porque el pueblo decía que Jesús era Elías o Jeremías, o uno de los profetas y para que vieran la diferencia entre el Señor y sus siervos, se manifestó rodeado de los principales profetas. En segundo lugar, porque continuamente acusaban los judíos a Jesús de transgresor de la Ley, de blasfemo y de usurpador de la gloria del Padre y a fin de hacer ver Jesús su inocencia de todas estas acusaciones, se presenta con aquellos, cuyo testimonio era irrecusable para ellos. Porque Moisés promulgó la Ley y Elías no tuvo rival en celo por la gloria de Dios. Otro motivo fue, para que supiesen que El tenía poder sobre la muerte y sobre la vida. Por esta razón presenta a Moisés que había muerto y a Elías que aun vivía. El evangelista añade otro motivo y es el manifestar la gloria de la cruz y calmar a Pedro y a otros discípulos, que tanto miedo tenían a la pasión. Porque hablaban, dice otro evangelista ( Lc 9), de la muerte que debía tener lugar en Jerusalén. Por eso se presenta con aquellos que se expusieron a morir por agradar a Dios y por la salud de los que creían. Ambos, en efecto, se presentaron libremente a los tiranos, Moisés al Faraón ( Ex 5) y Elías a Achab ( 1Re 10). También se aparece con ellos, para animar a los discípulos a que imitasen a Moisés en la mansedumbre y a Elías en el celo.




LA TRANSFIGURACIÓN
Jesús toma a los tres predilectos y los lleva a una montaña alta. El monte Hermón. Este monte está mencionado en salmos proféticos y mesiánicos como monte de la presencia divina.
Se transfiguró delante de ellos:
Y se transfiguró en su presencia; su rostro resplandecía como el sol, sus vestidos se hicieron blancos como la nieve.
Cobró una apariencia sobrehumana, divina. Probablemente análoga a la que tendrá en su Parusía, dijimos antes. Creemos que en su Parusía su Presencia será realmente Divina, majestuosa, tan imponente que solo la podrán mirar y disfrutar los fieles vivos; para los perdidos que estén vivos en el mundo será tan oprimente que será como el comienzo del castigo eterno. Es una idea nuestra.
Jesús quiere manifestar su Divinidad. Es obvio que su divinidad tal como es no la pueden ver ojos humanos en plenitud en esta vida. Nadie puede ver a Dios y vivir, dice la Escritura.
Jesús se muestra con una apariencia soportable a los hombres.
Dios es infinitamente bello, perfecto, luminoso, infinito, majestuoso, imponente sin medida; es mas de lo que un ser humano tocado por el pecado puede soportar. Nadie ha visto a Dios nunca, dice San Juan. Las teofanías a Moisés, profetas y santos del Antiguo Testamento, son siempre rebajadas, podríamos decir; adaptadas a la capacidad humana del hombre adámico.

Y en esto se aparecieron Moisés y Elías y hablaban con él. 
Cristo quiere mostrar que la Biblia habla de Él. La Ley y los Profetas, personificados en Moisés y Elías, nos hablan y llevan a Él. La Escritura es una Unidad. Obviamente sabemos que el Antiguo Testamento es figura y preparación del Nuevo y defintivo y que la Verdad plena y definitiva, eterna, está en el Nuevo Testamento. El antiguo debe leerse desde esta perspectiva, sabiendo que es provisorio en ciertos elementos que están destinados a plenificar y perfeccionar; ahondar, interiorizar en el Nuevo.
Escucharon que se dijo, pero Yo les digo…
Jesús les muestra que la Ley los Profetas, habla sobre él como Mesías; apuntaban hacia él.
Por otra parte digamos que para la Tradición de la Iglesia, Moisés y Elías en la Transfiguración no eran un mero espejismo, sino que realmente eran ellos. Recordemos la misteriosa muerte de Moisés, y el arrebato de Elías a un estado especial de beatitud, sin morir.
Tomó entonces Pedro la palabra y dijo a Jesús: Señor, bueno es estarnos aquí; si quieres, hagamos aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
En presencia de Dios se encuentran muy bien. Una paz indecible y un amor también incomparable los envuelve junto con aquella Majestad nunca imaginada. Todas las angustias y las incertezas de la vida parecen haber desaparecido. Que bueno estar así para siempre. Es un preanuncio de la felicidad eterna en el Reino Pleno, en la Presencia de Dios.
Están estupefactos, Pedro no puede con su genio y habla estas cosas…
Estaba Pedro aún hablando cuando vino una nube resplandeciente y los cubrió y una voz dijo desde la nube: Éste es mi Hijo muy amado, en quien me agradé; escuchadle. Y al oír esta voz cayeron los discípulos en tierra sobre su rostro, y tuvieron gran miedo.
La Teofanía se completa en esta nueva epifanía, la Nube, el Espíritu Santo; y la voz del Padre; la Voz del Todopoderoso y Eterno ante el cual tiemblan estupefactos los Serafines y toda la milicia del Cielo y repiten en su estupor: Santo, Santo, Santo….La debilidad del hombre ante la presencia divina suscita el santo temor. Quien no conoce a Dios, por los medios que Él mismo da en la Iglesia, no puede comprenderlo.
El progremodernismo no conoce a Dios, por eso no conoce ni entiende el Santo Temor de Dios. Por eso corrompe la Revelación y la Liturgia y la quiere hacer mas cercana, antropocéntrica, vaciarla de una divinidad que le causa rechazo o hasta horror, porque su miopía, su ceguera, en el mejor de los casos en que no es un enemigo declarado, consciente plenamente y secuaz del Enemigo, solo alcanza a lo humano. Quiere reducir a Dios y la Revelación y el Culto, al cachivache que es él mismo. De hecho lo ha logrado. Pero todo se restaurará y se hará Justicia por Dios a su debido tiempo.
Volviendo a la caída sobre el rostro de los apóstoles, vemos también esta claudicación ontológica de la criatura débil y pecadora ante la presencia divina o aún angélica en Daniel y Apocalipsis.
Mas Jesús se acercó y los tocó, y les dijo: Levantaos, y no temáis. Y alzando ellos sus ojos, no vieron a nadie, sino sólo a Jesús. Y al bajar del monte, les mandó Jesús diciendo: No digáis a nadie lo que habéis visto hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos.

Jesús con el toque los levanta. El introduce en la trascendencia y vuelve a traer al hombre a la vida natural cuando hace falta.
El pueblo no está preparado, por su falta de fe y su tendencia a aterrizar todo, para el testimonio de la Transfiguración.
Vimos la actitud que tuvieron después del milagro de la multiplicación de panes en Cafarnaúm: querían hacerlo Rey! No porque vieron un signo de la Presencia y la bondad de Dios, sino porque tuvieron comida a roletes. El Mesías de las tentaciones del Desierto que enamoraba la bárbara alma judía no piadosa en espíritu y en verdad:
Si tu eres el Hijo de Dios, haz que estas piedras se vuelvan panes…
La Transfiguración será un hecho, un episodio de alta importancia en la Escritura, que será revelado después de la Resurrección de Cristo. Cual él haya cumplido la victoria personal sobre el Demonio y una cantidad de almas estén mejor preparadas para recibir la Verdad.
Tengamos también en cuenta el secreto mesiánico en el Evangelio. Jesús no quería que dijesen en cierto tiempo y ciertos lugares, que Él era el Mesías…

OPTIMISMO Y ESPERANZA
Después del II Concilio Vaticano, por efecto de la Teología de Rhaner, Theilard y los personalistas, y porqué no, por la ambigüedad y equivocidad de los textos conciliares, la religión católica sufrió un aterrizamiento, palabrita que tanto gusta a los progremodernistas.
Inmanentización, naturalización; vaciamiento de trascendencia y sobrenaturalidad. Vaciamiento de la concepción de Dios al fin y al cabo. Habida cuenta que en el neomodernismo tiende a desaparecer la distinción entre inmanencia y trascedencia; natural y sobrenatural; humano y divino. En el fondo del progremodernismo late un vago Panteísmo unicista.
La realidad objetiva, en la cual es distinta lo inmanente y lo trascedente; la diferencia abismal entre Dios y la criatura, es vista como dualidad antigua y divisiva, nefasta. Hay un monismo-panteísmo que recuerda a Hegel, Spinoza, y está reeditado por el nefasto jesuita francés del Punto Omega…. Esto está de acuerdo con ciertos gnosticismos y la concepción de pensadores como Carl Jüng.
Las virtudes teologales verdaderas, infusas, puestas desde la eternidad y trascendencia de Dios en el alma humana, son vistas como alienación, mistificación, magia, superstición,…
Hay en el progremodernista, un confinamiento, una reducción, una atrofia en lo natural e inmanente.
El Optimismo Histórico ha reemplazado a la Esperanza cristiana. Rhaner y Theilard los artífices de este malogramiento devastador de la Fe y la Esperanza cristianas. La Fe es Fe en el Progreso hacia el Punto Omega, o por lo menos hacia un futuro indefectiblemente promisorio; un Paraíso Terrenal mundano; un Milenarismo Terreno, Mundano. Un Mundo Mejor, no transfigurado por la Santidad de Dios desde la Eternidad: sino este mundo hecho mejor, según lo que es mejor en los valores aterrizados y vaciados de cristianismo, que profesan los progremodernistas.
Hay una abolición de la escatología y la soteriología cristiana y su reducción a la inmersión en la historia inmanente; que no es otra cosa que funcionalización al César, al Leviathán, al Mundo.
Ellos quieren El Reino en este mundo.
Insistimos sobre el tema de que el II Concilio Vaticano y su espíritu, y los teólogos progremodernistas amparados y admirados por él, han tendido a vaciar la Religión Católica de sobrenaturalidad y relación con lo Trascendente, Divino.
Vemos en Gaudium et Spes, una nueva concepción de la relación con el mundo, que ahora parece menos hostil y un amiguito genial que hay que comprender, admirar y porqué no, acompañar, seguir. El hombre es la única criatura que Dios ha amado por sí misma….antropocentrismo….
En el tema de la Libertad Religiosa, Dignitates Humanae, se deja de lado lo que la Iglesia siempre sostuvo sobre la Libertad religiosa; que Dios da libertad al hombre para elegir por la Gracia, meritoriamente la Verdad, la verdadera Religión que es la Católica, y salvarse. Y que el Estado debe velar por defender y promocionar la Fe católica e instaurar el Reino Sociopolítico de Cristo. Debe combatirse el laicismo liberal-masónico.
Ahora, en el II Concilio, la libertad religiosa consiste en que el hombre puede elegir cualquier culto que se le ocurra y el Estado, presumiblemente neutro, debe velar para que nadie sea coaccionado en su libre elección y puede profesar la religión que quiera. La Religión católica puesta en plano de igualdad con religiones adámicas, y un Estado que debe ser garante de este INDIFERENTISMO. Cosa que es utópica, pues el Estado liberal-laicista pluralista moderno nunca es neutral, sino que es políticamente correcto según la Revolución anticristiana, a partir de la Revolución Francesa. Y la religión queda confinada a la privacidad del corazón. Se renuncia al establecimiento del Reino sociopolítico de Cristo con absoluta claridad al aceptar el Estado laico y laicista liberal-masónico-pluralista. Religión queda muerta en la subjetividad ….
Si a esto le sumamos que Extra Ecclesia Nulla Salus es también diluido y ampliado (Oh las ampliaciones y actualizaciones!!) en una nueva eclesiología derivada de textos conciliares pero también de interpretaciones posibles en base a la ambigüedad de los mismos –nunca vista en un Concilio Ecuménico anterior- el aterrizamiento y dependencia mundana de la Iglesia, se hacen comprensibles. Y otro tanto, el vaciamiento teológico y práctico de las virtudes teologales. UR, NA, LG….

Esto tiene consecuencias concretas.
Todo tiende a quedar EN EL MUNDO, QUE AHORA ES LA REALIDAD, CON MAYÚSCULAS. Esto es bien Rhaner. Si Dios y el Mundo tienden a ser lo mismo, entonces esta inmanencia, la inmediatez del Mundo es la Realidad que importa. Toda alienación de cielos y temas sobrenaturales o transcendentes, es locura, disparate, para esta mentalidad progremodernista.
Entendemos entonces porqué la Esperanza se cambió por Optimismo. Esa convicción ensañada y sin base alguna racional, de que todo debe progresar e ir mejor. Eso nada tiene que ver con la Revelación crisitiana.
Habrá una apostasía y kenosis de la Iglesia acá en el mundo y un climax del Mal, con la plenitud del Mysterim Iniquitatis en la impostura de un Falso Mesianismo Anticristiano; y esto lo reconoce hasta el Catecismo Conciliar (Puntos 676 ss). Cosas, que obviamente, no son tomadas en cuenta por la clerecía progremdernista de hoy.
El Establecimiento del Reino pleno no será por un triunfo inmanente e intrahistórico de la iglesia, ni por ningún progreso intrínseco de la sociedad humana. Será por la Parusía extrahistórica del Señor que viene desde la Eternidad, de la Trascendencia de Dios, a poner fin al Mal y juzgar definitivamente hombres y ángeles.

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La Esperanza viene de Dios, es virtud infusa sobrenatural, divina. Es infundida por Dios en el alma humana, y comunica a esta la conciencia de la Meta gloriosa a la que está llamado el cristiano: que es Dios mismo y su Reino Eterno. Nada tiene que ver con el optimismo histórico.
La Esperanza no nos dice que todo va a ir bien en el mundo. La esperanza nos hace entender bien la Palabra de Dios, que justamente dice lo contrario. La Esperanza es realista. Ve las cosas como son; no necesita anteojeras de color de rosa para ver la realidad mejor de lo que és. La ve como es, porque sabe que Dios tiene para después de esta realidad desastrosa y maligna de este mundo, una Realidad de otro orden, divinizado, indefectible, perfecto y eterno.
Por otra parte, la Esperanza sobrenatural, no disminuye la acción benéfica del hombre sobre las realidades naturales e inmanentes; sino todo lo contrario, hace ver en las cosas la importancia que según Dios tienen y encuentra la mejor acción posible para combatir los males.
La Esperanza ultraterrena no aliena, como sostuvo el nefasto Marx y el progremodernismo, sino que es lo único que dignifica al hombre y su acción en el mundo, y la vuelve efectiva y benéfica.
Por el contrario, el hombre sin esperanza, el Optimista mundano, queda confinado a un activismo completamente vacuo de efectividad en lo verdaderamente importante; que es la Trascendencia del Reino de Dios.

Sin Mí nada pueden hacer, dice el Señor.

La acción del bautizado optimista, vaciado de esperanza, es nada mas que correr tras el viento; activismo vano y estúpido, oenegenismo…
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A la pregunta progremodernista que diría: Entonces la Encarnación no sirvió de nada? Se responde: Claro que sirvió; Dios no hace pavadas ni absurdos. Sirve para que se salven aquellos predestinados que Dios eligió porque previó que lo amarían.

TODO CRISTIANO NECESITA VIVIR LA ESPERANZA
Podríamos decir que todos necesitamos nuestra Transfiguración para alentar la Esperanza y sobrepasar las penas y tragedias, y pasiones y muertes de nuestra propia vida. Como lo conseguiremos?
En la lectura de la Escritura; el Repaso de la Tradición y el Magisterio de la Iglesia hasta 1962; en el Culto Católico, la Misa verdadera, Tridentina; la oración personal, y las buenas obras, está el secreto a voces para fortalecer las virtudes teologales. También ayuda mucho el ayuno y respetar toda la práctica que tiene que ver con los tiempos litúrgicos. Y por último, desechar completamente toda noción progremodernista.
Así tendremos incorporada una Transfiguración que nos enfile hacia la meta final del Reino de Cristo; hacia Cristo mismo, haciéndonos caminar sobre las aguas procelosas de las tormentas, penas y tragedias de esta vida; con la Vista fija en el Señor. Pedro se hundía cuando bajaba la vista y la fijaba en el mar. Con la vista solo en el mundo, nos hundimos. Podremos seguir viviendo pero perdemos el rastro de Cristo. Perdemos las virtudes teologales. Nos perdemos.
EL NEOMODERNISMO CONCILIAR Y POST CONCILIAR NOS HA VENDIDO LA ATERRIZACIÓN.
ES NECESARIO HACER JUSTAMENTE LO CONTRARIO, LEVANTAR VUELO CON LA ESPERANZA.
Pidámos esto al Señor, por la intercesión de su Madre.

COMENTARIO DEL PADRE CASTELLANI
DOMINGO SEGUNDO DE CUARESMA [Mt 17, 1-9] Mt 17, 1-9 Segundo de Cuaresma: la Transfiguración. La Transfiguración del Señor es un gran milagro privado de Jesucristo, efectuado no delante de las turbas, ni siquiera delante de los Doce, sino de Tres Apóstoles, los mismos que presenciaron la Resurrección de la Hija de Jairo y la Oración de los Olivos: Pedro, Santiago, Juan; la Fe, la Esperanza, la Caridad. La Transfiguración fue una visión de las que llama Santa Teresa “imaginarias”, lo cual no quiere decir imaginadas o falsas, sino medianeras entre las visiones corporales y las visiones intelectuales: son visiones angélicas. Algunos Santos Padres antiguos dicen que los Apóstoles Tres vieron aquí la esencia de Dios en una visión intelectual. Es un error; la esencia de Dios no la ve nadie en esta vida –ni mi amigo el de Santa Rosa, que fue retado por Dios durante el terremoto–; y si alguno la ve durante un relámpago medio fuera de esta vida, como dice San Pablo que él la vio (“si estaba mi cuerpo no lo sé, si estaba fuera no lo sé”), si lo que llaman “muerte mística o “séptima morada”, es realmente un instante de gloria divina, como enseñan algunos Doctores, eso deja unos efectos enormes en los pocos que sabemos lo han experimentado; y tales efectos en la narración evangélica no se ven en Pedro, Santiago y Juan ni de lejos. No puede ser. El Evangelio dice que “estaban dormidos”; y el sueño designa en la Escritura las visiones imaginarias; como las de San José y las de Daniel o Ezequiel. Lo que vieron Pedro y los dos hermanos fue el cuerpo de Cristo traspasado de luz y rezumando gozo y belleza, y el cuerpo de Ellas y el alma de Moisés hablando con Cristo en el viento. ¿De qué? De su Pasión y Muerte. ¿Por qué no puede haber sido una visión corporal? Porque simplemente Moisés actualmente no tiene cuerpo; y el cuerpo de Cristo entonces no era luminoso como la luna, ni sus vestidos blancos más que la nieve ni su rostro hermoso como la gloria. La ocasión, el lugar y el motivo de este milagro son solemnes. Era el último año de Cristo: era la predicación en la Judea, evangelizada ya la ruda y campiriña Galilea; era la lucha con los fariseos ya declarada e implacable; era el peligro de muerte claramente visible. Jesucristo se apresura a hacer y a decir las cosas y las palabras más decisivas y definitivas... El Evangelista nota con exactitud el tiempo: “seis días después”... de haber instituido en Cesarea el Primado de Pedro, o sea, el fundamento de su Iglesia; e inmediatamente después de haberles preanunciado concretamente su Pasión, de haberlo regañado violentamente al mismo Pedro que decía: “Déjate de macanas, no seas pesimista”; y de haber dicho que para salvarse había que llevar la cruz. Esto era tremendo para nosotros; quiero decir, para los pobres Apóstoles: no les cabía en la cabeza. Por eso era preciso robustecerlos. El motivo del milagro fue, como indica claramente el Evangelio, con una pequeña muestra sin valor de la Resurrección hacerles aceptar el escándalo de la Pasión. Fue un relámpago de la Resurrección; como las visiones intelectuales en los grandes místicos son un relampagueo del Cielo. San Pedro se entusiasmó y gritó al Maestro: “¡Qué bien estamos aquí! ¿Por qué no nos quedamos?”. No sabía lo que decía, desatinaba, dice San Marcos, que fue justamente el meturgemán de Pedro; o sea que se lo oyó a Pedro mismo; cuya catequesis puso por escrito: es decir, que lo que llamamos Evangelio de San Marcos es lo que Pedro recitaba de memoria con gran fidelidad en Jerusalén, Antioquía y Roma. Pero Jesucristo les dijo: “Vamos. No temáis. No digáis a nadie lo que habéis visto hasta que yo haya resucitado de entre los muertos. Vamos a Jerusalén. ¿A qué? ¿No lo sabéis? ¿No habéis oído de qué hablé yo con Moisés y Elías?...”. Este fue el motivo de este milagro: el Misterio de la Cruz: sin cruz no hay Resurrección; pero mirad: hay resurrección, no temáis la cruz. Santa Teresa dice que las visiones imaginarias producen temor, lo mismo que dicen los Evangelios aquí: “temieron grandemente”. Dice Santa Teresa que Jesucristo “le mostró” primero las dos manos y después el rostro, preparándola poco a poco. “Parecerá a vuestra merced que no era menester mucha preparación para ver unas manos y un rostro tan hermosos... Sonlo tanto los cuerpos glorificados que la gloria que trae consigo ver una cosa tan sobrenatural, desatina; y así me hacía tanto temor, que toda me turbaba y alborotaba, aunque después quedaba con certidumbre y seguridad...”53 . Los teólogos enseñan que las visiones imaginarias, como aquellas que tuvo en Alemania Teresa Neuman –según parece–, son producidas por los ángeles: por el roce de un espíritu puro en el alma humana; por lo cual el cuerpo sufre la patada, se enferma, parece una hoja de árbol al lado de una gran hoguera –se achicharra–; o por lo menos se conturba: dice el Evangelio que a los Tres Apóstoles los tiró por tierra. No así las visiones intelectuales, las cuales son superiores: son producidas directamente por Dios, no tienen esos efectos; y no pueden ser imitadas ni por el diablo, ni por enfermedad nerviosa alguna. Los Tres cayeron por tierra cuando vieron una gran nube resplandeciente (imagen de la fe, que es oscura y luminosa a la vez) que bajó sobre Cristo con una voz que dijo: “Éste es mi Hijo queridísimo en quien tengo todos mis agrados; escuchadlo a Él.” Fue la voz de Dios el Padre, naturalmente; pero como dije antes, impersonada por un Ángel. Si llega a ser la voz del mismo Dios, “la que hace temblar las montañas”, como dice David –y como creyó mi amigo de Santa Rosa– los Apóstoles no se levantan más. “El Zonda y el Pampero Tú creaste; el Tabor y el Hermón saltan cuando te oyen” (Ps LXXXIX, 13). Cuando Dios habló a Moisés en el Sinaí, fue también por medio de un Ángel; enseña expresamente San Pablo. Una vez Dios habló a los hombres... Dos o tres veces habló, a Adán, a Moisés, a Pedro: pero ésta fue la definitiva, después de la cual no hay otra. Si a los antiguos griegos, romanos y galos les hubiesen dicho por la prensa, la radio y la televisión que sobre un alto monte de Judea Dios acababa de hablar, se hubiesen puesto en marcha multitudes innumerables, si no para alcanzar a oírlo a Dios, para alcanzar a los testigos que lo oyeron; y saber de sus labios lo que dijo. Salvajes y civilizados, grandes y chicos, no hubiesen perdonado bestia ni molestia para hacer esa gran peregrinación, mayor que las Cruzadas; para saber qué dijo Dios. Pero resulta que ahora lo que dijo Dios está en un librito de 12 ó 15 pesos que sin moverme de mi cuarto puedo conseguir llamando por teléfono a la librería... la que sea, no quiero hacer propaganda comercial; y a los hombres no les interesa el librito ése: no lo leen, no lo compran, no lo estudian: ni lo mentan. Ni regalado lo quieren. Y lo que es peor, hay gente que lo lee, lo compra y lo estudia, para sacar de él divisiones, sectas, cismas, herejías y la justificación de los más grandes desvíos morales. Esta es la hechicera Humanidad. ¡Oh hechicera Humanidad! Menos mal que nosotros tratamos de entenderlo un vez por semana. No está todo perdido: y a lo mejor, la humanidad somos nosotros. “Éste es mi Hijo queridísimo: oídlo a El.” Cuando bajó Cristo del Monte Hermón, dio una respuesta misteriosa a una pregunta confusa de sus discípulos... –¿Cómo del Monte Hermón? ¿No fue del Monte Tabor? 53Vida, capítulo XXVII. –No: el Evangelio dice que la Transfiguración fue en un monte muy elevado: el Monte Hermón, que es llamado hoy el Monte de la Tentación, tiene 2.700 metros; el Monte Tabor tiene unos 320 metros de alto54, no es muy elevado. El texto griego dice la misma palabra “ypseelón” (que significa encumbrado, excelso) para calificar al Monte de la Tentación y al Monte de la Visión: “cuando estuvimos con El en el Monte Santo –dice San Pedro– en el monte de la Visión”. –Pero todos dicen que fue el Monte Tabor... –Todos, menos el Evangelio. –Pero hay una tradición antiquísima de que la Transfiguración fue en el Monte Tabor... San Cirilo... San Jerónimo... –Así es; pero “no hay tradición que valga contra la letra del Evangelio”, dice San Agustín. Es evidente que no se puede llamar “montana altísima” al Pie de Palo o a Cerrillos55 , sin mentir. Además, la cumbre mocha del Tabor estaba habitada; estaba llena de turistas que iban a hacer picniques. Jesucristo subía a orar “a las montañas desiertas”, y de esta montana de la Visión expresamente dice Mateo que era “ypseelón kat'idian” (“encumbrada y soledosa”). Kat'idian significa “en privado”. Al Hermón se puede ascender en 9 ó 10 horas. Yo subí al Hafelekaar de Innsbruck, que tiene 2.300 metros, en unas 8 horas de marcha cómoda, solo, sin guía y con bastante miedo. “¿Cómo va a subir Cristo al Monte Hermón?”, dice Maldonado, el famoso intérprete... ¿Y por qué no? Si yo puedo subir, Cristo también puede. Alpinista fue también el Papa Pío XI, Aquiles Ratti. Consta en el Evangelio que Cristo subía a las montañas a orar; y que cuando se transfiguró estaba orando. Se ora bien sobre las montañas; sobre todo cuando va anocheciendo y el funicular no viene. Se ora mal en los funiculares de Buenos Aires; quiero decir, en los colectivos pórtenos. En el Monte Hermón hay nieve ya en el otoño: “sus vestidos se pararon más blancos que la nieve”. Desde él se divisa hoy día hasta Jerusalén, hasta las fronteras de la Arabia Damascena y el Mediterráneo allá lejos, a la altura de donde Tiro fue. En el lugar donde Pedro propuso al Maestro “hacerle tres ranchitos, uno para él, otro para Moisés, otro para Elías” –y realmente, sobre el Tabor no son de menester ranchitos para nada, pero sí sobre el nevado Hermón–, existe hoy día una ranchada muy sólida para soldados, coronada de una especie de horno de acero y cemento, que se llama blocao –del alemán blockhaus– con cuatro ametralladoras y un cañón de 75. El sendero marcado con estacas de los tiempos de Cristo ha sido sustituido por un camino para jeeps. Así pues, al bajar el sendero del Hermón, le preguntó San Pedro a Cristo... Pero esta pregunta acerca de Elías, San Juan Bautista y los Dos Testigos del Apokalypsis es una cuestión difícil que no hay tiempo de tratar; y en la que el famoso P. Alio y sus discípulos han arrojado bastante barro; es decir, humo. La Transfiguración del Señor es una imagen de la resurrección; y es una imagen de la santidad. Cuando Cristo recibió ese testimonio solemne de su Padre, cuando vio a su lado rindiéndole pleitesía al representante de la Ley y al representante de los Profetas, cuando su Divinidad embistió a su cuerpo y lo traspasó por un momento de claridad, blancura y hermosura, Cristo se puso a hablar “del Exceso que había de tener lugar en Jerusalén”, del Exceso de Amor y de Dolor. Eso es la santidad (hasta acá Castellani)

SANTOS PADRES

 Evangelio según san Mateo, 17:1-4 

Y después de seis días, toma Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a Juan su hermano, y los lleva aparte a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos. Y resplandeció su rostro como el sol; y sus vestiduras se volvieron blancas como la nieve. Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías hablando con El. Y tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: "Señor, bueno es que nos estemos aquí: si quieres hagamos aquí tres tiendas: una para Ti, otra para Moisés y otra para Elías". (vv. 1-4)
Remigio
Seis días después el Señor realizó, en la transfiguración sobre la montaña, la promesa que había hecho a los discípulos de su aparición gloriosa. Por eso se dice: "Y después de seis días, toma Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a Juan", etc.
San Jerónimo
Mas pregunto yo: ¿cómo se pone después de seis días, mientras que San Lucas pone ocho? Pero la contestación es fácil. Porque aquí se habla de los días intermedios, mientras que Lucas cuenta también el primero y el último.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 56,1
El Señor espera que pasen seis días y no lleva inmediatamente a sus discípulos a la montaña, con el objeto de que los demás discípulos no abriguen sentimiento alguno de envidia, o bien para que llenos de vehementes deseos durante ese tiempo, los que habían de subir se acercaran con más ardor de su alma.
Rábano
Mas con razón les manifestó su gloria después de seis días, porque después de las seis edades o épocas del mundo tendría lugar su resurrección.
Orígenes, homilia 3 in Matthaeum
O también, porque este mundo fue hecho visible en seis días completos y el que penetra todas las cosas del mundo, es el que puede subir a las altas montañas y contemplar la gloria del Verbo de Dios.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 56,1
Tomó El a esos tres discípulos porque eran los que ocupaban los tres puestos más elevados. Ved como San Mateo no oculta esa preferencia de los tres discípulos, ni tampoco San Juan, que hace mención de las principales alabanzas de Pedro: no conocían los apóstoles ni la emulación ni la vanagloria.
San Hilario, in Matthaeum, 17
También se significa en los tres que tomó consigo la futura elección de los pueblos, atendido el triple origen de Cam, Sem y Jafet.
Rábano
O también lleva consigo solamente tres, porque son muchos los llamados y pocos los elegidos. O también porque los que conservan ahora en su alma pura la fe de la Santa Trinidad, gozarán después de su visión eterna.
Remigio
El Señor, para manifestar a sus discípulos la gloria de su felicidad, los lleva al monte. Por eso sigue: "Y los lleva a un monte", etc. En esto el Señor nos enseña que es preciso, para todo el que desea contemplar a Dios, no estar enfangado en los bajos placeres, sino levantar su alma a las cosas celestiales mediante el amor de las cosas superiores. También a sus discípulos, les enseña que no deben buscar la gloria de su beatitud divina en las regiones bajas del mundo, sino en el reino de la beatitud celestial. Y son llevados separadamente, porque todos los santos están separados con toda su alma y por la dirección de la fe de toda mancha y serán separados radicalmente en el tiempo venidero, o también porque muchos son los llamados y pocos los elegidos.
Sigue: "Y se transfiguró", etc.
San Jerónimo
El Señor apareció a los apóstoles como estará en el día del juicio. No se crea que el Señor dejó su aspecto y forma verdadera, o la realidad de su cuerpo y que tomó un cuerpo espiritual. El mismo evangelista nos dice cómo se verificó esta transfiguración en estas palabras: "Resplandeció su rostro como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la nieve"; estas palabras nos manifiestan que su rostro resplandecía y que sus vestiduras eran blancas. No hay cambio, pues, en la substancia, el brillo es lo que había cambiado. El Señor efectivamente se transformó en aquella gloria, con que vendrá después a su Reino. La transformación le dio esplendor, mas no le quitó la figura. Supongamos que su cuerpo hubiese sido espiritual, ¿cómo se cambiaron sus vestiduras? Porque se pusieron tan blancas, que, según otro evangelista ( Mc 9), ningún lavandero de la tierra las podría poner tan blancas. Todo esto es corporal y apreciado por el tacto y no espiritual que ilusiona la vista y es sólo un fantasma.
Remigio
Y si el rostro del Señor resplandeció como el sol y el de los santos resplandecerá también como el sol, ¿será, por ventura, igual el resplandor del Señor y el de sus siervos? De ninguna manera; sino que como no hay cosa que brille tanto como el sol, se vale de él como comparación de la resurrección futura y por eso dice que el rostro del Señor y el de los santos brillarán como el sol.
Orígenes, homilia 3 in Matthaeum
En sentido místico aquel que, según lo que hemos dicho, ha pasado seis días, ve a Jesús transfigurado delante de los ojos de su corazón. Porque el Verbo de Dios tiene diversas formas y se manifiesta a cada uno bajo la forma que conviene al que se manifiesta y a ninguno se manifiesta de una manera distinta de la que cada uno puede recibir. Por esta razón no dijo: se transfiguró simplemente, sino delante de ellos. Porque comprenden simplemente en los Evangelios a Jesús aquellos, que no suben por el ejercicio de las virtudes espirituales al monte elevado de la sabiduría; pero los que suben, le conocen no ya según la carne, sino como Verbo de Dios. Delante de éstos se transfigura Jesús, mas no delante de aquellos que viven entregados a la vida de la tierra. Y éstos, delante de los que se transfigura Jesús, son hechos hijos de Dios, y se muestra Jesús a ellos como el sol de justicia y con vestiduras brillantes como la luz. Estas vestiduras, de que se cubre Jesús, son los discursos y los escritos evangélicos, por los que los apóstoles han expresado sus misterios.
Glosa
O también significan las vestiduras los santos, de quienes dice Isaías ( Is 49,18): "Te vestirás como con un vestido de todos ellos". Son comparados con la nieve porque brillarán con la blancura de la virtud y estarán lejos del fuego de las pasiones.
Sigue: "Y he aquí les aparecieron Moisés", etc.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom.56,1
Hubo muchos motivos para esto. Primeramente porque el pueblo decía que Jesús era Elías o Jeremías, o uno de los profetas y para que vieran la diferencia entre el Señor y sus siervos, se manifestó rodeado de los principales profetas. En segundo lugar, porque continuamente acusaban los judíos a Jesús de transgresor de la Ley, de blasfemo y de usurpador de la gloria del Padre y a fin de hacer ver Jesús su inocencia de todas estas acusaciones, se presenta con aquellos, cuyo testimonio era irrecusable para ellos. Porque Moisés promulgó la Ley y Elías no tuvo rival en celo por la gloria de Dios. Otro motivo fue, para que supiesen que El tenía poder sobre la muerte y sobre la vida. Por esta razón presenta a Moisés que había muerto y a Elías que aun vivía. El evangelista añade otro motivo y es el manifestar la gloria de la cruz y calmar a Pedro y a otros discípulos, que tanto miedo tenían a la pasión. Porque hablaban, dice otro evangelista ( Lc 9), de la muerte que debía tener lugar en Jerusalén. Por eso se presenta con aquellos que se expusieron a morir por agradar a Dios y por la salud de los que creían. Ambos, en efecto, se presentaron libremente a los tiranos, Moisés al Faraón ( Ex 5) y Elías a Achab ( 1Re 10). También se aparece con ellos, para animar a los discípulos a que imitasen a Moisés en la mansedumbre y a Elías en el celo.
San Hilario, in Matthaeum, 17
Moisés y Elías fueron elegidos entre todos los santos para asistir a Cristo, para manifestarnos que el reino de Cristo está colocado entre la Ley y los Profetas, con los que juzgará el Señor, según tiene anunciado al pueblo de Israel.
Orígenes, homilia 3 in Matthaeum
Si alguno comprende la relación del espíritu de la Ley y las palabras de Jesús y la sabiduría de Cristo oculta en las profecías, éste ve a Moisés y a Elías en la misma gloria con Jesús.
San Jerónimo
Es de considerar que el Señor se negó a dar a los escribas y a los fariseos las señales que le pedían. Y a los apóstoles, para aumentar su fe, les da la señal: nada menos que la de hacer bajar a Elías del lugar donde estaba y la de sacar a Moisés de entre los muertos, que es lo que se había mandado a Achab por Isaías ( Is 7): "Que pidiese una señal en el cielo o en el infierno".
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 56,2
Las palabras que dijo el ardoroso Pedro son éstas: "Y tomando Pedro la palabra, dijo: Señor, bueno es que nos estemos aquí", etc. Porque comprendió que era conveniente que Jesús fuera a Jerusalén, aun teme por Cristo, pero después de la reprensión no se atreve a decir otra vez: "Ten compasión de Ti" ( Mt 16,22), mas indirectamente y con otras palabras le insinúa lo mismo. Porque veía la mucha tranquilidad y la soledad, pensó que les era conveniente quedarse allí; él lo conjetura por la disposición del lugar y esto es lo que significan las palabras: "Bueno es que nos estemos aquí", etc. Quiere permanecer allí para siempre y por eso habla de tiendas: "Si quieres, hagamos aquí tres tiendas" etc.; pensó que si se hacían éstas no iría Jesús a Jerusalén y si no iba no moriría, pues sabía que allí le tenderían lazos los escribas. Pensaba además con la presencia de Elías, que hizo bajar fuego sobre la montaña ( 2Re 1) y con la de Moisés, que entró en una nube y habló a Dios ( Ex 24; 33), que podrían ocultarse de manera que ningún pecador pudiese saber dónde estaban.
Remigio
O de otra manera, Pedro, después de haber visto la majestad del Señor y de sus dos siervos, se complació de tal manera, que se olvidó de todo lo temporal y quisiera estar allí eternamente. Y si entonces Pedro se entusiasmó de esa manera, ¿cuán grande no será la suavidad y la dulzura al ver al Rey en todo su esplendor y al encontrarse en medio de los coros de los ángeles y de todos los santos? En las palabras de Pedro: "Señor, si quieres", se ven claramente la humildad del súbdito y la obediencia del servidor.
San Jerónimo
Vas equivocado, Pedro; o como dice otro evangelista ( Lc 9), no sabes lo que te dices: no busques tres tiendas porque no hay más tienda que la del Evangelio, donde están contenidos la Ley y los Profetas. Mas si buscas tres tiendas, no iguales a los siervos con el Señor; haz tres tiendas (o mejor una sola) para el Padre, para el Hijo y para el Espíritu Santo. Porque las tres Personas que forman un solo Dios, no deben tener en tu corazón más que una sola tienda.
Remigio
Se equivocó además porque quiso establecer aquí en la tierra el reino de los elegidos, que prometió Dios dar en el cielo. Se equivocó también porque se olvidó de que tanto él como sus compañeros eran mortales y quiso subir, sin gustar la muerte, a la felicidad eterna.
Rábano
Y además, porque quiso hacer tiendas para la vida del cielo donde no hay necesidad de casas, según aquellas palabras ( Ap 21,22): "Yo no vi templo en ella".

 Evangelio según san Mateo, 17:5-9 

El estaba aún hablando, cuando vino una nube luminosa que los cubrió. Y he aquí una voz de la nube, diciendo: "Este es mi Hijo el amado, en quien Yo mucho me he complacido: a El escuchad". Y cuando lo oyeron los discípulos, cayeron sobre sus rostros y tuvieron gran miedo. Mas Jesús se acercó y los tocó, y les dijo: "Levantaos, y no temáis". Y alzando ellos los ojos, a nadie vieron, sino sólo a Jesús. Y al bajar ellos del monte, les mandó Jesús, diciendo: "No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos". (vv. 5-9)
San Jerónimo
Todos los que querían una tienda terrenal hecha de ramas o de tiendas de campaña, están envueltos por la sombra de una nube brillante. Por eso se dice: "El estaba aún hablando, cuando vino una nube luminosa", etc.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 56,3
El Señor presenta una nube tenebrosa, como aconteció en Sinaí ( Ex 19), cuando amenaza, pero como no trataba aquí de aterrar sino de enseñar, hizo aparecer una nube luminosa.
Orígenes, homilia 3 in Matthaeum
La nube luminosa que rodea a los santos es la virtud del Padre, o quizás el Espíritu Santo, y diré también que nuestro Salvador es la nube luminosa que cubre al Evangelio, a la Ley y a los Profetas. Así lo comprenden los que pueden mirar a la luz en su origen.
San Jerónimo
Pedro hizo una pregunta inconveniente y por eso no mereció la contestación del Señor, pero contesta el Padre por el Hijo, para que tuviera cumplimiento la palabra del Señor ( Jn 8,18): "El que me ha enviado da testimonio de Mí".
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 56,3
Mas no hablan Moisés ni Elías, sino que el Padre, que está sobre ellos, hace salir su voz de entre la nube, a fin de que crean los discípulos que esa voz viene de Dios. Siempre suele Dios aparecer en una nube, según aquello ( Sal 96,2): "La nube y la obscuridad están a su alrededor" y esto es lo que se dicen en las palabras: "Y he aquí una voz de la nube, diciendo".
San Jerónimo
El Padre hace que se oiga su voz desde el cielo, que da testimonio de su Hijo y enseña a Pedro, libre de error, la verdad. Y por medio de Pedro la enseña a los demás apóstoles. Por eso añade: "Este es mi Hijo el amado"; para éste debe hacerse una tienda, a éste debe obedecerse, éste es el Hijo, aquellos son los siervos. Ellos, lo mismo que vosotros, deben preparar al Señor una tienda en lo más profundos de su corazón.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 56,3
No temas, pues, Pedro. Porque si Dios es poderoso, claro está que del mismo modo es poderoso el Hijo y si El te ama, no temas. Porque El no pierde al que ama, ni tú lo puedes amar tanto como El ama a su Padre, puesto que lo ama, no sólo porque lo ha engendrado, sino porque los dos no tienen más que una sola voluntad. Sigue: "En quien Yo mucho me he complacido", que vale tanto como decir, "en quien descanso", "a quien acepto", porque cumple con celo cuanto viene del Padre y no hay más que una sola voluntad entre El y el Padre y si éste quiere que sea crucificado, tú no te opongas.
San Hilario, in Matthaeum, 17
La voz del cielo atestigua que éste es el Hijo, el amado, aquel en quien se complace el Padre y a quien debemos obedecer, a quien debemos escuchar: "Escuchadle". El mismo, garante de tales maestros, había confirmado con su ejemplo que el que se niegue a sí mismo, cargue su cruz, muriendo el cuerpo, se haría merecedor a la gloria del Reino Celestial.
Remigio
Dice, pues: "Escuchadle", como si dijera en otros términos: desaparezcan las sombras legales, los símbolos de los profetas y seguid la luz brillante del Evangelio. O también, "Escuchadle", a fin de manifestar que El es a quien anunció Moisés ( Dt 18,13), diciendo: "Dios os suscitará un Profeta de entre vuestros hermanos; escuchadle como a mí". El Señor tuvo, pues, muchos testigos por todas partes. En el cielo la voz del Padre, en el paraíso a Elías, en los infiernos a Moisés y entre los hombres a los apóstoles, a fin de que delante de su nombre se doblase toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los infiernos ( Flp 2).
Orígenes, homilia 3 in Matthaeum
La voz de la nube se dirige a Moisés y a Elías, que deseaban ver y oír al Hijo de Dios, o a los discípulos para instruirlos.
Glosa
Es de notar que el misterio de la segunda regeneración, que se verificará cuando resucitare la carne, se armoniza perfectamente con el misterio de la primera regeneración, que tiene lugar en el bautismo, donde resucita el alma. En el bautismo de Cristo se manifestó toda la Trinidad. Porque allí estuvo el Hijo encarnado, se apareció el Espíritu Santo en forma de paloma y el Padre se declaró en la voz. De la misma manera en la transfiguración, que es una figura misteriosa de la regeneración, se apareció toda la Trinidad: el Padre en la voz, el Hijo en el hombre y el Espíritu Santo en la nube. Se pregunta ahora: ¿por qué el Espíritu Santo se apareció en el bautismo en forma de paloma y en la transfiguración en una nube? Porque suele manifestar ordinariamente sus dones invisibles por las formas que revisten exteriormente. Da en el bautismo la inocencia, significada por la sencillez de la paloma y en la resurrección dará resplandor y descanso. Este está figurado por la nube, y el resplandor de los cuerpos resucitados por el brillo de la nube luminosa.
Sigue: "Y cuando lo oyeron los discípulos, cayeron sobre sus rostros y tuvieron gran miedo".
San Jerónimo
Por tres causas cayeron aterrados de miedo. Porque comprendieron su error, porque quedaron envueltos en la nube luminosa y porque oyeron la voz de Dios cuando les hablaba. Y no pudiendo soportar la fragilidad humana tan grande gloria, se estremece con todo su cuerpo y toda su alma y cae en tierra. Porque el hombre que no conoce su medida, cuanto más quisiere elevarse hacia las cosas sublimes, más se desliza hacia las bajas.
Remigio
El acto de caer los discípulos sobre sus rostros es indicio de santidad. Porque de los santos se dice que caen sobre sus rostros y los impíos de espaldas.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 56,4
¿Pero cómo es que cayeron sobre sus rostros los discípulos en el monte, cuando antes en el bautismo de Cristo se oyó la misma voz, y, sin embargo, ninguno de los asistentes experimentó semejante cosa? Porque era grande la soledad, la altura y el silencio, la transfiguración imponente, la luz brillante y la nube extendida, todo lo cual no podía menos de causar espanto en el corazón de los discípulos.
San Jerónimo
El Señor misericordioso, viendo a sus discípulos arrojados por el suelo e incapaces de levantarse, se acerca a ellos y los toca. Con su contacto se desvanece el miedo y los debilitados miembros adquieren robustez. Esto es lo que significa: "Y se acercó el Señor y los tocó". Y sanó con su voz a los que había sanado con su mano. Por eso sigue: "Y les dijo: levantaos y no temáis". Primeramente les quita el miedo, para enseñarles después la doctrina. Sigue: "Y alzando ellos los ojos, a nadie vieron sino sólo a Jesús". No sin motivo obró de este modo. Porque si hubieran continuado allí Moisés y Elías con el Señor, no hubieran tenido seguridad los discípulos de a quien daba testimonio la voz del Padre. Ven que el Señor estaba allí y que se desvanecieron Moisés y Elías. Porque después que desapareció la sombra de la ley y de los profetas, se vuelven a encontrar las dos cosas en el Evangelio. Sigue: "No digáis a nadie la visión", etc. No quiere que se publique lo que habían visto entre los pueblos, para que al oír la magnitud del prodigio no lo creyesen imposible y para que no sirviese a los hombres rudos de escándalo, el que a tan grande gloria siguiese después la cruz.
Remigio
O también, porque si se divulgaba en el pueblo la majestad del Señor, este mismo pueblo se opondría a los príncipes de los sacerdotes, e impediría la pasión y de este modo sufriría retraso la redención del género humano.
San Hilario, in Matthaeum, 17
Les manda que guarden silencio sobre las cosas que habían visto, a fin de que, cuando estuvieren llenos del Espíritu Santo, fuesen testigos de los hechos espirituales que acontecieran entonces.

 

viernes, 23 de julio de 2021

RATZINGER Y SU PRONUNCIAMIENTO DE ABRIL DE 2019 SOBRE LOS MALES DE LA IGLESIA

 

La Iglesia y el escándalo de los abusos sexuales

JOSEPH RATZINGER – BENEDICTO XVI

La Iglesia y el escándalo de los abusos sexuales

Del 21 al 24 de febrero 2019 los Presidentes de las Conferencias Episcopales de todo el mundo se reunieron en el Vaticano, invitados por el Papa Francisco, para discutir sobre la crisis de fe y de Iglesia que se está sintiendo en todo el mundo a raíz de las estremecedoras informaciones acerca de los abusos a menores cometidos por clérigos. La amplitud e importancia de tales sucesos han conmovido profundamente a laicos y sacerdotes y para no pocos ha puesto en cuestión la misma fe de la Iglesia. Había que dar una señal fuerte y buscar un nuevo comienzo, para hacer creíble de nuevo a la Iglesia como luz de las gentes y como ayuda eficaz contra las potencias destructivas.

Puesto que yo mismo ocupaba puestos de responsabilidad en la época del estallido de la crisis y durante su posterior desarrollo, tuve que plantearme, aun cuando como Emérito no tenga ya ninguna responsabilidad directa, qué podría aportar yo para este nuevo comienzo a partir de una mirada retrospectiva. Desde que se hizo pública la convocatoria de la Cumbre de Presidentes de las Conferencias episcopales hasta su realización, fui recogiendo apuntes con los que quisiera ofrecer algunas orientaciones como ayuda en esta hora difícil. Después de haber contactado al Secretario de Estado, Cardenal Parolin, y al mismo Santo Padre, me parece oportuno publicar el texto así surgido en la Klerusbatt (hoja del clero).

Mi trabajo se divide en tres partes. En el primer punto trataré de exponer brevemente el contexto social de la cuestión, sin el que el problema no se comprende. Trataré de mostrar que en los años 60 se dio un tremendo proceso, como probablemente no lo ha habido jamás en la historia. Puede decirse que en los 20 años que van de 1960 a 1980 los criterios hasta entonces aceptados en materia de sexualidad fueron demolidos y se dio paso a una ausencia de normas que después se ha tratado de corregir.

En el segundo punto, trataré de indicar los efectos de esta situación sobre la formación sacerdotal y la vida de los sacerdotes.

Finalmente, en la tercera parte quisiera desarrollar algunas perspectivas para una correcta respuesta por parte de la Iglesia.

I.

1. La cuestión comienza con la introducción de niños y jóvenes a la sexualidad, programada y ejecutada por el Estado. En Alemania, la ministra de la sanidad Strobel mandó hacer una película en la que, con propósitos ilustrativos, ahora se exhibía todo lo que hasta entonces no se podía mostrar públicamente, relaciones sexuales incluidas. Lo que se había pensado para ilustrar a los jóvenes, se tomó posteriormente como una posibilidad general obvia.

Efectos semejantes obtuvo el “Sexkoffer” (el “cofre del sexo”) ofrecido por el gobierno austríaco. Las películas de contenido sexual y pornográficas se convirtieron en una realidad, hasta el punto de que ahora también se proyectaban en los cines de estación. Paseando un día por la ciudad de Regensburg (Ratisbona), todavía recuerdo haber visto multitudes de gente esperando ante un gran cine, como no se había visto desde los tiempos de la guerra cuando había algún reparto especial. Se me ha quedado grabado en la memoria cuando llegué a la ciudad el viernes santo de 1970 y allí estaba en todos los postes publicitarios un cartel con dos personas completamente desnudas íntimamente abrazadas.

A las libertades por las que luchaba la revolución de 1968 pertenecía también esta libertad sexual completa que no admitía ninguna norma. La radicalización violenta que caracterizó aquellos años está íntimamente ligada a este hundimiento espiritual. En efecto, en los vuelos se dejó de permitir proyectar películas pornográficas porque en la pequeña comunidad de pasajeros se producían actos violentos. Como los excesos en materia de vestido suscitaron igualmente agresiones, los Directores de Escuela intentaron introducir uniformes escolares que permitiesen un clima de estudio.

A la fisionomía de la revolución del ’68 pertenece también el hecho de que la pedofilia se considerara como algo lícito y apropiado. Al menos para los jóvenes en la Iglesia, pero no sólo, fue desde este punto de vista un tiempo muy difícil. Siempre me he preguntado cómo podían los jóvenes acceder al sacerdocio en esta situación y aceptarlo con todas sus consecuencias. El hundimiento generalizado de las vocaciones sacerdotales en aquellos años y el desmesurado número de secularizaciones fueron una consecuencia de todos estos procesos.

2. Independientemente de este desarrollo, se produjo al mismo tiempo un hundimiento de la teología moral católica, que dejó a la Iglesia desarmada ante estos procesos sociales. Trataré brevemente de esbozar el origen de este desarrollo. Hasta el Vaticano II la teología moral católica se fundaba ampliamente en el derecho natural, mientras que la Sagrada Escritura se introducía únicamente como trasfondo o como refuerzo. En los esfuerzos del Concilio en favor de una nueva comprensión de la revelación, la opción del derecho natural se abandonó de manera generalizada y se favoreció una teología moral fundada en la Biblia. Me acuerdo todavía cómo la Facultad de los jesuitas de Frankfurt encomendó a un padre joven y muy capaz, el P. Schüller, elaborar una moral totalmente fundamentada en la Escritura. La hermosa disertación del P. Schüller muestra un primer paso en la construcción de una moral basada en la Escritura. El P. Schüller fue enviado después a América para completar estudios y volvió con la convicción de que a partir únicamente de la Biblia, no se podía exponer la Moral de manera sistemática. Intentó después una teología moral de tipo más pragmático, sin haber logrado con ello dar una respuesta a la crisis de la Moral.

Por último, después se ha ido imponiendo la tesis de que la Moral sólo se puede determinar a partir de los fines de la acción humana. La antigua sentencia “el fin justifica los medios”, aunque no se confirmaba en esta forma tan burda, sí que se volvió determinante para la forma de pensar. De este modo, ya no había nada intrínsecamente bueno ni, tanto menos, malo, sino sólo valores relativos. Ya no existía lo bueno, sino sólo lo relativamente mejor, dependiendo del momento y de las circunstancias.

La crisis de la fundamentación y de la exposición de la moral católica alcanzó a fines de los años ’80 y en los ’90 formas dramáticas. El 5 de enero de 1989 se publicó la “Declaración de Colonia”, firmada por 15 profesores católicos de Teología, centrada en una serie de puntos críticos de la relación entre el magisterio episcopal y la tarea de la teología. Este texto, que al principio no iba más allá de las protestas habituales, pronto creció hasta convertirse en un clamor contra el Magisterio de la Iglesia y congregó el potencial de protesta de manera visible y audible que se levantó en todo el mundo contra los esperados textos magisteriales de Juan Pablo II. (vgl. D. Mieth, Kölner Erklärung, LThK, VI3, 196).

El Papa Juan Pablo II, que conocía muy bien la situación de la teología moral y la seguía atentamente, empezó a trabajar en una encíclica que debía reconducir esta situación. Se publicó el 6 de agosto de 1993 con el título Veritatis Splendor y provocó violentas reacciones en contra por parte de los teólogos morales. Anteriormente se había publicado el Catecismo de la Iglesia Católica que exponía sistemáticamente de manera convincente la Moral proclamada por la Iglesia.

No puedo olvidar cómo el principal teólogo moral de lengua alemana, Franz Böckle, que al jubilarse se había retirado a su casa en Suiza, afirmó, ante las posibles decisiones de la Encíclica Veritatis Splendor, que en caso de que la encíclica decidiese que había acciones que debían ser consideradas siempre y en cualquier caso como malas, él levantaría su voz con todas las fuerzas que le quedasen. El buen Dios le ahorró poner en práctica su propósito; Böckle murió el 8 de julio de 1991. La encíclica se publicó el 6 de agosto 1993, y efectivamente contenía la decisión de que hay acciones que nunca pueden ser buenas. El Papa era plenamente consciente del peso de esta decisión y para esta parte de su escrito consultó aún a los mejores especialistas que en cuanto tales no habían tomado parte en la redacción de la encíclica. No podía y no debía dejar alguna duda acerca del hecho que la moral de la ponderación de bienes (Moral der Güterabwägung) tenía que respetar un límite último. Hay bienes que son indisponibles. Hay valores que nunca se pueden abandonar en razón de un valor superior, y están incluso por encima de la conservación de la vida física. Existe el martirio. Dios es más que la supervivencia física. Una vida comprada a precio de renegar a Dios, una vida que descanse últimamente sobre una mentira, no es vida. El martirio es una categoría fundamental de la existencia cristiana. El hecho de que, en la teoría representada por Böckle y tantos otros, el martirio no sea ya moralmente necesario, muestra cómo aquí lo que está en juego es la esencia misma del cristianismo.

En la teología moral, naturalmente, se había ido planteando mientras tanto otra cuestión: se impuso por doquier la tesis de que al Magisterio de la Iglesia le corresponde una competencia definitiva (“Infalibilidad”) sólo en cuestiones de fe, mientras que las cuestiones de moral no pueden ser objeto de las decisiones infalibles del magisterio de la Iglesia. Sobre esta tesis hay ciertamente aspectos correctos que vale la pena seguir discutiendo. Pero existe un Minimum morale indisolublemente ligado a la opción fundamental de la fe y que debe ser defendido, si no queremos reducir la fe a una teoría, antes al contrario, reconocer su exigencia de vida concreta. Aquí se ve claro cómo está en discusión la autoridad de la Iglesia en cuestiones de moral. Quien niega a la Iglesia una última competencia doctrinal en este ámbito, la reduce al silencio precisamente allí donde está en juego la frontera entre verdad y mentira.

Independientemente de estas cuestiones, se desarrolló en amplios ambientes de la teología moral la tesis de que la Iglesia no tiene ni puede tener una propia moral. Con ello se apuntaba al hecho de que todas las tesis morales tendrían paralelos también en las demás religiones y que por tanto no existiría un proprium cristiano, algo específicamente cristiano. Pero la cuestión de lo específico de una moral bíblica no queda respondida por el hecho de que para cada afirmación se pueda encontrar un paralelo en otras religiones. Más bien aquí de lo que se trata es de la totalidad de la moral bíblica, que como tal es nueva y diferente de cada una de sus partes individuales. La doctrina moral de la Sagrada Escritura tiene su peculiaridad, en último término, en su anclaje en la imagen de Dios, en la fe en el Dios uno, que se ha manifestado en Jesucristo y que ha vivido como hombre. El decálogo es una aplicación de la fe en el Dios bíblico a la vida humana. La imagen de Dios y la moral van juntas y producen así la novedad específica de la actitud cristiana ante el mundo y ante la vida humana. Por lo demás, el cristianismo se definió desde el principio con la palabra hodos (camino). La fe es un camino, un modo de vivir. En la Iglesia primitiva, el catecumenado se creó como un espacio vital frente a una cultura cada vez más inmoral en el que lo específico y lo nuevo del estilo de vida cristiano se ejercitaba y se defendía frente a los estilos de vida generales. Pienso que hoy también son necesarias algo así como comunidades catecumenales, para que la vida cristiana pueda ser afirmada en su peculiaridad.

II. Primeras reacciones eclesiales

1. El proceso de disolución de la concepción cristiana de la moral, lentamente preparado y actualmente en curso, como he tratado de mostrar, experimentó una radicalidad en los años ‚60 como no se había dado jamás antes. Esta disolución de la autoridad doctrinal de la Iglesia en materia moral tuvo necesariamente sus efectos en diversos ámbitos. En el contexto del encuentro de los presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo con el Papa Francisco, ante todo interesaba la cuestión de la vida de los sacerdotes, a lo que se añadió la de los seminarios sacerdotales. En el problema de la preparación al ministerio sacerdotal en los seminarios, en efecto, se puede comprobar un hundimiento generalizado de la forma de preparación que hasta ahora se venía siguiendo.

En diversos seminarios se formaron clubs homosexuales, que actuaban más o menos abiertamente y que claramente cambiaron el clima de los seminarios. En un seminario del sur de Alemania vivían juntos candidatos al sacerdocio y candidatos al servicio laical de referente pastoral. En las comidas estaban juntos seminaristas, referentes pastorales casados, en parte también con mujer e hijos, y algunos con sus novias. El clima en el seminario no podía sostener la preparación a la vocación sacerdotal. La Santa Sede sabía de estos problemas, sin haber recibido información exacta acerca de ello. Como primer paso, se ordenó una visita apostólica a los seminarios de Estados Unidos.

Como tras el Vaticano II también cambiaron los criterios para la elección y nombramiento de obispos, la relación de los obispos con sus seminarios fue muy diversa. Como criterio para el nombramiento de nuevos obispos se consideraba ante todo la “conciliaridad”, con lo que se podían entender naturalmente cosas muy diferentes. En efecto, en amplios sectores de la Iglesia la mentalidad conciliar se entendía como una actitud negativa o crítica hacia la tradición vigente hasta entonces, que ahora debía ser sustituida con una nueva relación de radical apertura al mundo. Un obispo, que antes había sido rector de seminario, proyectó a los seminaristas películas pornográficas, aparentemente con la intención de hacerles capaces de resistir frente a una actitud de rechazo a la fe. Hubo, no sólo en los Estados Unidos, algunos obispos que rechazaron la tradición católica de plano y en sus diócesis trataron de crear una especie de nueva “catolicidad”. Quizá valga la pena mencionar que en no pocos seminarios, los estudiantes sorprendidos leyendo mis libros, eran considerados como no aptos al sacerdocio. Mis libros se ocultaron como si fueran malas lecturas y se leían a escondidas.

La visita apostólica no aportó nuevos conocimientos, porque evidentemente diversas fuerzas se habían aliado para ocultar la situación real. Se ordenó una segunda visita que aportó un conocimiento considerablemente mayor, pero quedó sin consecuencias. Y sin embargo la situación en los seminarios se ha ido consolidando desde los años 70. A pesar de todo sólo esporádicamente se ha llegado a un fortalecimiento de las vocaciones sacerdotales, porque la situación en su conjunto se ha desarrollado de manera diversa.

2. La cuestión de la pedofilia, hasta donde yo recuerdo, se hizo candente en la segunda mitad de los años 80. Se había convertido en los Estados Unidos en un problema público, de manera que los obispos buscaron ayuda en Roma, porque el derecho canónico, tal como estaba redactado el nuevo Código, no parecía suficiente para tomar las medidas necesarias. Roma y los canonistas romanos tuvieron al principio dificultades con esta petición; en su opinión una suspensión temporal del ministerio sacerdotal debería bastar para purificar y aclarar las cosas. Esto no podía ser aceptado por los obispos americanos, porque entonces el sacerdote quedaría al servicio del obispo y por tanto, considerado como una figura directamente vinculada a él. Una renovación y profundización del derecho penal del nuevo código, deliberadamente elaborado de manera blanda, tenía que ir abriéndose paso lentamente.

A ello se añadió un problema fundamental en la redacción del derecho penal. “Conciliar” era considerado entonces sólo el llamado garantismo. Eso significaba que los derechos del acusado tenían que ser garantizados, y hasta tal punto que en la práctica se excluía cualquier condena. Como contrapeso a las posibilidades de defensa, a menudo insuficientes, de los teólogos acusados, se extendió el derecho a la defensa en el sentido del garantismo hasta tal punto que las condenas se hicieron prácticamente imposibles.

En este punto, permítaseme un pequeño excursus. A la vista de la extensión de los delitos de pedofilia, hay una palabra de Jesús que viene nuevamente a la memoria, que dice: “quien escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría ser arrojado al mar con una piedra de molino al cuello” (Mc 9,42). Esta palabra, en su tenor original, no habla de la seducción de niños. La palabra “pequeños” designa en la lengua de Jesús a los simples creyentes que podrían ser inducidos a caer en su fe por culpa del orgullo intelectual de los que se creen inteligentes. Jesús, pues, protege aquí el bien de la fe con una amenaza explícita contra aquellos que le hagan daño. La moderna utilización de la frase no es en sí misma falsa, pero no debe ocultar el sentido originario. Contra todo garantismo, aquí aparece claramente que no sólo es importante el derecho del acusado, que necesita garantías. Igualmente importantes son bienes superiores como la fe. Un derecho canónico ponderado que corresponda al conjunto del anuncio de Jesús, tiene que ser por tanto garantista no sólo para el acusado, cuya fama es un bien jurídico, tiene que proteger también la fe, que es igualmente un bien jurídico. Un derecho canónico correctamente elaborado tiene, pues, que comprender una doble garantía –protección jurídica del acusado, protección jurídica del bien que está en juego. Cuando hoy se expone esta concepción, en sí nítida, normalmente, ante la cuestión de la tutela del bien de la fe, se encuentran oídos sordos. La fe ya no aparece ante la conciencia jurídica general con la categoría de un bien que hay que tutelar. Esta es una preocupante situación que los pastores de la Iglesia deberían considerar y tomar en serio.

A las breves notas sobre la situación de la formación sacerdotal en la época de la eclosión de la crisis, quisiera añadir aún un par de indicaciones sobre el desarrollo del derecho canónico en esta cuestión. En principio, para los delitos de los sacerdotes la competencia era de la Congregación para el Clero. Puesto que entonces en ella el garantismo dominaba completamente la situación, acordamos, junto con el Papa Juan Pablo II, que sería más adecuado asignar las competencias sobre estos delitos a la Congregación de la Fe, y precisamente bajo el título “Delicta maiora contra fidem”. Con esta reasignación iba también la posibilidad de aplicar la pena máxima, es decir, la exclusión del sacerdocio, que en cambio no habría sido posible conminar bajo otros títulos jurídicos. Esto no era una triquiñuela para poder aplicar la pena máxima, sino que deriva de la importancia de la importancia de la fe para la Iglesia. En efecto, es importante observar que en estos delitos de los clérigos, en último término es la fe la que resulta dañada: sólo donde la fe deja de determinar las acciones de los hombres son posibles tales comportamientos. La gravedad de la pena presupone de todos modos una clara prueba del delito – el contenido permanentemente válido del garantismo. En otras palabras: para poder aplicar válidamente la pena máxima, es necesario un auténtico proceso penal. Con ello, sin embargo, tanto las diócesis como la Santa Sede se vieron desbordadas. Formulamos así una forma mínima de proceso penal y dejamos abierta la posibilidad para que la Santa Sede misma asumiera el proceso allí donde la diócesis o archidiócesis metropolitana no estaban en condiciones de hacerlo. En cualquier caso, el proceso debía ser ratificado por la Congregación para la Doctrina de la Fe, para garantizar los derechos del acusado. Finalmente, en la Feria IV (la reunión semanal de los miembros de la Congregación), creamos un tribunal de apelación, para dar la posibilidad de oponer un recurso contra el proceso. Puesto que todo esto desbordaba las fuerzas de la Congregación para la Doctrina de la Fe y se producían retrasos que debían ser evitados por razón del asunto, el Papa Francisco ha introducido nuevas reformas.

III.

1. ¿Qué tenemos que hacer? ¿Tenemos que crear otra Iglesia para resolver las cosas? Este experimento ya se ha llevado a cabo y ha fracasado. Sólo la obediencia y el amor a nuestro Señor Jesucristo puede mostrar el camino justo. Intentemos, pues, primero, comprender de nuevo y desde el interior, qué ha querido y quiere el Señor con nosotros.

Ante todo, diría: si quisiéramos resumir realmente en breve el contenido de la fe fundada en la Escritura, tendríamos que decir: el Señor ha iniciado una historia de amor con nosotros y quiere recapitular toda la creación en el amor. La oposición al mal, que nos amenaza a nosotros y al mundo entero, en último término puede sólo consistir en que nos abandonemos a este amor. Él es la verdadera fuerza de oposición contra el mal. La potencia del mal surge a través de nuestra negación del amor de Dios. Se salva quien se confía al amor de Dios. Nuestro no ser salvados se debe a la incapacidad de amar a Dios. Aprender a amar a Dios es por tanto el camino de la redención del ser humano.

Tratemos ahora de desarrollar un poco este contenido esencial de la revelación de Dios. Podríamos decir: el primer regalo y más fundamental que la fe nos ofrece consiste en la certeza de que Dios existe. Un mundo sin Dios sólo puede convertirse en un mundo sin sentido. Pues ¿de dónde viene todo lo que hay? En cualquier caso, no tendría un fundamento espiritual. Estaría simplemente ahí, sin tener una meta ni un sentido. No habría ninguna medida del bien o del mal. Entonces podría imponerse únicamente quien sea más fuerte que los demás. El poder sería entonces el único principio. La verdad no contaría nada, no existiría en realidad. Sólo cuando las cosas tienen un fundamento espiritual, han sido queridas y pensadas, sólo cuando hay un Dios Creador, que es bueno y quiere el bien, puede entonces la vida del hombre tener un sentido.

Que Dios existe como creador y medida de todas las cosas es, ante todo, una exigencia radical (Urverlangen). Pero un Dios que no se expresara, que no se diera a conocer, sería sólo una suposición; no podría determinar la forma de nuestra vida. Para que Dios sea verdaderamente Dios en la creación consciente, tenemos que esperar que Él se exprese de alguna manera. Él lo ha hecho de muchos modos, pero sobre todo decisivamente en la llamada que dirigió a Abraham y dio a los hombres en busca de Dios una orientación, que desbordaba toda expectativa: Dios mismo se hizo criatura, habló como humano con nosotros humanos.

Así, la afirmación “Dios existe” se convirtió definitivamente en una noticia verdaderamente buena, precisamente porque es más que conocimiento, porque crea y es amor. Traer esto de nuevo a la conciencia de los hombres es la primera y fundamental tarea que nos ha sido asignada por el Señor.

Una sociedad en la que Dios esté ausente, una sociedad que no lo conozca y lo considere inexistente, es una sociedad que ha perdido la medida. En nuestro tiempo se ha acuñado la muletilla sobre la muerte de Dios. Si Dios muere en una sociedad, seremos libres, nos asegura. En realidad, la muerte de Dios en una sociedad significa también el fin de la libertad, porque muere el sentido que le daba una orientación. Y porque desaparece la medida que nos daba la dirección, ya que nos enseñaba a distinguir entre el bien y el mal. La sociedad occidental es una sociedad en la que Dios está ausente de la vida pública, y no tiene ya nada que decirle. Y por ello es una sociedad en la que la medida de lo humano se va perdiendo cada vez más. En algunos puntos a veces se ve claramente cómo lo que está mal y destruye al hombre se ha convertido en algo natural. Es el caso de la pedofilia. Teorizada todavía no hace mucho tiempo como perfectamente legítima, se ha ido extendiendo cada vez más. Y ahora reconocemos estremecidos que a nuestros niños y jóvenes les han sucedido cosas que amenazan con destruirlos. Que esto se haya difundido también en la Iglesia y por culpa de sacerdotes tiene que horrorizarnos en la mayor medida.

¿Cómo ha podido la pedofilia adquirir tal dimensión? En último término, la razón se halla en la ausencia de Dios. Tampoco nosotros, cristianos y sacerdotes, hablamos de buen grado acerca de Dios, porque este discurso no parece práctico. Tras la tremenda sacudida de la II GM en Alemania todavía pusimos nuestra Constitución explícitamente bajo la responsabilidad ante Dios como criterio guía. Medio siglo después, ya no fue posible adoptar la responsabilidad ante Dios como criterio en la constitución europea. Dios es considerado como asunto particular de algunos grupúsculos y no puede convertirse en la medida para la comunidad en su totalidad. En esta decisión se refleja la situación del Occidente, en donde Dios se ha convertido en un asunto privado de una minoría.

Una primera tarea que tiene que desprenderse de la conmoción moral de nuestro tiempo consiste para nosotros en comenzar de nuevo a vivir desde Dios y para Dios. Tenemos que aprender, por delante de todo lo demás, a reconocer a Dios como el fundamento de nuestra vida y no dejarlo a un lado como simple cháchara. Sigue siendo inolvidable para mí la advertencia que me escribió una vez el gran teólogo Hans Urs von Balthasar en una de sus cartas: “El Dios trinitario, Padre, Hijo y Espíritu Santo, no pre-suponerlo, sino ante-ponerlo!” En efecto, también en la teología a menudo Dios se presupone como algo evidente, pero no se trata acerca de Él concretamente. El tema de Dios parece poco importante, tan lejano de las cosas que nos ocupan. Y, sin embargo, todo cambia si a Dios no solo se lo pre-supone, sino que se lo ante-pone. No dejarlo de alguna manera en el trasfondo, sino reconocerlo como el punto central de nuestro pensar, hablar y obrar.

2. Dios se ha hecho hombre por nosotros. La criatura humana le es tan sumamente cara que se ha unido a ella y así ha entrado de manera concreta en la historia humana. Habla con nosotros, vive con nosotros, padece con nosotros y ha asumido sobre sí la muerte por nosotros. De ello hablamos en teología exhaustivamente, con doctas palabras y pensamientos Y sin embargo, ahí reside precisamente el peligro de hacernos dueños de la fe en lugar de dejarnos renovar y dominar por la fe.

Consideremos esto en un punto central, la celebración de la santa Eucaristía. Nuestro trato con la eucaristía no puede por menos de suscitar preocupación. En el Concilio Vaticano II se trató ante todo de devolver este sacramento de la presencia del cuerpo y de la sangre de Cristo, de la presencia de su persona, su pasión, muerte y resurrección, al centro de la vida cristiana y de la existencia de la Iglesia. En parte así ha sucedido y debemos dar gracias al Señor de corazón por ello.

Pero ha predominado otra actitud: no impera un nuevo respeto ante la presencia de la muerte y resurrección de Cristo, sino una forma de trato con él que destruye la dimensión del misterio. El descenso en la participación de la eucaristía dominical muestra cuán poco los cristianos de hoy son capaces de apreciar la dimensión del don que consiste en su presencia real. La eucaristía se rebaja a un gesto ceremonial, cuando se considera normal distribuirla como exigencia de cortesía en fiestas familiares o en ocasión de matrimonios o entierros a todos los invitados por razón de parentesco. La normalidad con la que en algunos lugares también los simplemente presentes reciben el santísimo sacramento muestra que en la comunión no se ve más que un gesto ceremonial. Si pensamos qué habría que hacer, es claro que no necesitamos una Iglesia diferente pensada por nosotros. Lo que es necesario, más bien, es renovar la fe en la eficacia de Jesucristo en el Sacramento que se nos da a nosotros.

En las conversaciones con víctimas de la pedofilia he ido tomando conciencia cada vez más de la urgencia de esta necesidad. Una joven que prestaba servicio como monaguilla me contó que el Vicario, el responsable de los monaguillos, introducía siempre los abusos que ejercía sobre ella con las palabras: “esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros”. Es evidente que esta mujer no pueda ya escuchar las palabras de la consagración sin experimentar todo el dolor del abuso. Sí, tenemos que implorar urgentemente perdón y pedirle y suplicarle que nos dé a comprender de nuevo toda la medida de su pasión de su sacrificio. Y tenemos que hacerlo para proteger de los abusos el regalo de la eucaristía.

3. Y en fin está el misterio de la Iglesia. No puedo olvidar la frase con la que hace casi 100 años Romano Guardini expresó la alegre esperanza que entonces lo animaba a él y a tantos otros: “Un acontecimiento de imprevisible alcance ha comenzado: la Iglesia despierta en las almas”. Con ello quería decir que la Iglesia ya no se la vivía y percibía como un simple aparato frente a nosotros, como una especie de administración, sino que comenzaba a vivirse en los corazones como algo presente, como algo no sólo exterior, sino algo que nos toca interiormente. Casi medio siglo después, pensando en este proceso a la vista de lo que estaba sucediendo, me sentía tentado a invertir la frase: “la Iglesia muere en las almas”. En efecto, la Iglesia hoy se ve en gran medida solo como una especie de aparato político. Se habla de ella en la práctica sólo con categorías políticas, y eso vale también para los obispos, que formulan su imagen de la iglesia del futuro en términos casi exclusivamente políticos. La crisis causada por los numerosos casos de abusos cometidos por sacerdotes empuja a considerar a la Iglesia como algo fallido, que fundamentalmente tendríamos que tomar en nuestras manos y reconfigurar de nuevo. Solo que una iglesia hecha por nosotros no puede ser una esperanza.

Jesús mismo comparó a la Iglesia con una red en la que hay peces buenos y malos, que al final Dios mismo separará. Está también la parábola de la Iglesia como un campo sembrado en el que crece el buen grano que Dios mismo ha sembrado, pero crece también la cizaña que el enemigo ha sembrado a escondidas. En efecto, la cizaña en el campo de Dios, la Iglesia, es enormemente visible, y los peces malos en la red muestran también su fuerza. Y sin embargo el campo sigue siendo el campo de Dios y la red, la red de Dios. En todos los tiempos no hay solo cizaña y peces malos, sino también simiente de Dios y buenos peces. Anunciar las dos cosas al mismo tiempo con fuerza, no es una falsa apologética, sino un servicio necesario a la verdad.

En este contexto es necesario señalar un texto importante del Apocalipsis de Juan. El demonio es caracterizado como el acusador, “el que acusaba a nuestros hermanos día y noche” (Ap 12,1). El apocalipsis retoma un pensamiento que se halla en el relato introductorio del libro de Job (Jb 1 y 2,10; 42,7-16). Allí se cuenta que el demonio intentaba desacreditar ante Dios la justicia de Job como algo solo exterior. Se trata exactamente de lo que dice el Apocalipsis: el demonio quiere mostrar que no hay hombres justos, que toda la justicia de los hombres es sólo una representación exterior. Si se la pudiera examinar más de cerca, rápidamente caería la apariencia de justicia. El relato comienza con una disputa entre Dios y el demonio, en la que Dios señala a Job como uno auténticamente justo. En él puede ahora realizarse un experimento como ejemplo, para ver quién tiene razón. “Quítale sus posesiones y verás que no queda nada de su piedad”, argumenta el diablo. Dios le concede esta prueba, de la que Job sale victorioso. Ahora, el demonio va más allá y dice: “Piel por piel. Por salvar la vida, el hombre lo da todo. Extiende tu mano y hiérelo en su carne y en sus huesos. ¡Verás cómo te maldice cara a cara!” (Job 2,4ss.). Dios concede al demonio una segunda posibilidad. Puede tocar también la piel de Job, con tal de que no lo mate, le dice. Para el cristiano es claro que Job, que aparece ante Dios como un ejemplo para toda la humanidad, es Jesucristo. En el Apocalipsis se nos plantea el drama del hombre en toda su amplitud. Frente al Dios creador se halla el demonio, que denigra a la humanidad y a toda la creación. Éste dice, no sólo a Dios, sino sobre todo a los hombres. “Mirad lo que este Dios ha hecho. Aparentemente una creación buena. En realidad está llena de miseria y de asco”. Denigrar la creación es en realidad denigrar a Dios, quiere mostrar que Dios no es bueno y alejarnos de él.

La actualidad de lo que aquí nos dice el Apocalipsis está a la vista. En la acusación contra Dios hoy se trata sobre todo de denigrar a la Iglesia en su conjunto y apartarnos de ella. La idea de una Iglesia mejor construida por nosotros es en realidad una propuesta del demonio con la que quiere apartarnos del Dios vivo con una lógica mentirosa, en la que caemos fácilmente. No, la Iglesia también hoy, no sólo se compone de malos peces y de cizaña. La Iglesia de Dios sigue existiendo hoy, y sigue siendo el instrumento a través del cual Dios nos salva. Es muy importante oponer a las mentiras y medias verdades del demonio toda la verdad: sí, hay pecados y mal en la Iglesia. Pero existe también hoy la Iglesia santa que es indestructible. Sigue habiendo muchos que creen con humildad, sufren y aman, en quienes el Dios real, el Dios que ama se nos manifiesta. Dios sigue teniendo hoy sus testigos (“mártires”) en el mundo. Tenemos que estar atentos para verlos y oírlos.

La palabra mártir procede del derecho procesal. En el proceso contra el demonio, Jesucristo es el primer y verdadero testigo, el primer mártir a quien desde entonces han seguido innumerables otros. La Iglesia de hoy más que nunca es una Iglesia de mártires y con ello testigo del Dios vivo. Si miramos a nuestro alrededor y oímos con corazón atento, podemos encontrar hoy en todas partes, precisamente entre la gente simple, pero también en las altas jerarquías de la Iglesia, testigos que con su vida y su sufrimiento se comprometen ante Dios. No querer darse cuenta de su presencia es apatía del corazón. Una de las grandes tareas esenciales de nuestro anuncio consiste, en crear, en la medida de nuestras posibilidades, lugares para la fe y sobre todo, buscarlos y reconocerlos.

Vivo en una casa, en una pequeña comunidad de personas que están siempre descubriendo estos testigos del Dios vivo en la vida cotidiana y me los señalan con alegría. Ver y encontrar a la Iglesia viva es una tarea maravillosa que nos fortalece y nos da cada vez la alegría de la fe.

Al final de mis consideraciones quisiera dar las gracias al Papa Francisco por todo lo que hace para mostrarnos siempre la luz de Dios, que hoy sigue sin declinar. Gracias, santo Padre.

11 abril 2019

Trad. Melchor Sánchez de Toca

martes, 20 de julio de 2021

COMPARACIÓN RÁPIDA ENTRE LA MISA CATÓLICA Y EL NOVUS ORDO

 

La misa de siempre

Bien sabemos todos lo que es la misa. Así pues, el catecismo nos enseña que es el sacrificio del cuerpo y de la sangre de nuestro Señor Jesucristo en nuestros altares bajo las especies de pan y vino en memoria del sacrificio de la Cruz, siendo substancialmente el mismo en cuanto a que el mismo Jesucristo que se ofreció en la cruz es también el que se ofrece por manos de los sacerdotes, sus ministros, sobre nuestros altares, difiriendo solamente en cuanto al modo; a saber: derramando su sangre y mereciendo por nosotros, en la Cruz, y sin derramamiento de sangre, y aplicando sus méritos en los altares, en la misa.

Asimismo hay otra relación – enseña la iglesia – entre ambos. Es decir que en la misa se representa de un modo sensible, visible, palpable, el derramamiento de la Sangre de Jesus en la Cruz porque en virtud de las palabras de la consagración se hace presente bajo las especies del pan sólo el Cuerpo, y bajo las especies del vino solamente su Sangre, si bien, por connatural concomitancia y por la Unión Hipostática, está presente Jesucristo todo entero bajo cada una de las especies sacramentales.

Nuestro señor es a su vez víctima y ministro de su sacrificio, Él es el ministro principal y nosotros sacerdotes – como enseña Santo Tomás – los ministros, las causas instrumentales; esos ministros secundarios unidos, de cuya unión les viene su eficacia, al ministro principal que es nuestro Señor. Él habla a través de nuestra boca, de nuestra lengua; pero yo no consagro mi cuerpo sino el Cuerpo de Cristo, pues hablo “in persona Christi”.

Así pues, si bien la santa misa tiene su punto culminante en la doble consagración, en donde nuestro Señor se hace presente verdadera, real y substancialmente; este punto culminante no deja de tener estrecha e íntima relación con el ofertorio de la misa, en donde, por sus oraciones, se debe manifestar y expresar aquello que le va a dar el sentido a la inmolación, aquello que viene a justificar el motivo por el cual nuestro Señor va a subir al patíbulo de la Cruz. Las intenciones expresadas en las oraciones del ofertorio, se van a identificar con aquellas intenciones que nuestro Señor albergaba en su corazón al desafío que su Padre eterno le iba a poner. De la misma manera que – si se nos permite una comparación – cuando uno hace una promesa, por ejemplo, ir a un santuario mariano, lo hace por una única o múltiple intención bien determinada, bien precisa, bien concreta.

Con este principio pasemos a ver las intenciones que tuvo cristo en la Cruz y que nos descubre la liturgia siguiendo las oraciones del ofertorio tocantes solamente a la hostia y al cáliz. Así pues, al ofrecer la hostia el celebrante debe elevar los ojos al cielo para luego posarlos en la patena diciendo:

Suscipe sancte Pater… hanc immaculatam hostiam… Recibe Padre Santo esta hostia inmaculada que yo, indigno siervo tuvo, te ofrezco a Ti, mi Dios vivo y verdadero, por mis innumerables pecados, ofensas y negligencias, y por todos los circunstantes y por todos los fieles cristianos vivos y difuntos.

 

El Padre eterno se presenta como el término del sacrificio. El Padre a quien Adán desobedeció generando el pecado original del género humano y la ruptura de nuestra amistad con el Cielo desde el paraíso terrenal, es Aquel a quien se le ofrece el sacrificio de su Hijo de tal modo que Él lo reciba con agrado.

La Iglesia llama a este pan “hostia”, y no lo llama pan. No dice “suscipe sanctum panem” – lo podría decir – dice: “suscipe hanc immaculatam hostiam”, una inmaculada hostia porque el “hostium” para el mundo de los antiguos ¿quién era? El hostium era aquel que se entregaba para ser inmolado y ser intercambiado con aquellos que eran rehenes y estaban cautivos, próximos a su inmolación. El hostium era el “comodín”, que se entregaba a cambio de liberar a los rehenes; lo que fue el carisma tan propio de la orden de los mercedarios. De modo tal que el hostium era una víctima de inmolación por los terceros. El celebrante en el ofertorio nombrando al pan como hostia y no como pan, nos enseña que ya la Iglesia ve a Cristo que se va a inmolar por todos nosotros como hostium y no como pan, con una finalidad: por mis innumerables pecados, ofensas y negligencias, es decir, por un motivo propiciatorio, por un motivo de expiación, por un alcance que trasciende incluso a los que están presentes y que es abarcativo del espacio y del tiempo, que es abarcativo a los difuntos que están en el purgatorio, y por eso agrega: y por todos los circunstantes, y también por los fieles cristianos, vivos y difuntos para concluir: a fin de que nos aproveche a mí – celebrante – y a ellos – los fieles – para la vida eterna, distinguiendo de este modo, a su vez, el sacerdocio ministerial de la participación de los fieles por el simple carácter bautismal.

Al tomar el cáliz el celebrante dice:

Te ofrecemos señor el cáliz de la salvación, rogando a tu clemencia, que ascienda con olor de suavidad hasta la presencia de tu divina majestad por nuestra salvación y la de todo el mundo.

 

En primer lugar vemos como tampoco es mencionada la palabra “vino” sino “cáliz”, para marcar el aspecto sufriente: el cáliz de amargura, el cáliz del dolor; términos tan usuales en los relatos evangélicos y tan propio para designar el cúmulo de dolores, de sufrimientos; y para designar la propia sangre de Cristo vertida desde la agonía hasta su Pasión y muerte. Asimismo agrega:

Rogando a tu clemencia que ascienda con olor de suavidad hasta la presencia de tu divina Majestad.

 

Haciendo con esto una clara alusión del sacrificio del inocente Abel por su hermano homicida Caín. ¿Por qué mató Caín a Abel? En el Génesis no figura tan claramente como luego el Apóstol lo menciona: ¿Porque mató a su hermano? Caín ofrecía sacrificios, Abel ofrecía sacrificios. Caín de los frutos del campo, de sus cosechas, y Abel de sus ganados. ¿Por qué lo mató? Porque Caín era mezquino, Caín ofrecía de todo un poco, mientras que Abel sólo ofrecía lo mejor de sus ganados, de sus primicias. Esto lo llevó a la irracional envidia que terminó a precio de sangre. Por fin, la oración vuelve a remarcar como con la hostia el pedido universal de la salvación. Así pues, las oraciones mencionadas dejan de manifiesto cómo nuestro Señor se ofrece al Padre eterno por la redención del género humano a precio de sangre que va a consumar en la Cruz y místicamente la va a renovar en la doble consagración. El ofertorio da la inteligencia del porqué de la doble consagración, del porqué de la muerte de Cristo.



La misa nueva

Cuando miramos, mis queridos hermanos, el ofertorio de la misa de Pablo VI, la misa llamada “nueva”, no podemos menos de ver el contraste tan grande y la nueva realidad que hay en juego. Así pues, en una simetría perfecta, las dos oraciones rezan:

Bendito seas señor, Dios del universo, por este pan – luego dirá por este vino – fruto de la tierra – o de la vid – y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos. El será para nosotros pan – o bebida – de salvación.

 

¿Qué podemos decir al respecto? Que estas oraciones no hacen sino virar el eje central desplazándolo hacia el hombre. Lo que se ofrece, se ofrece al “Dios del Universo” – terminología tan familiar a las logias – pero ya no se ofrece explícitamente a Dios padre, a quien Adán ofendió. Lo que se ofrece es pan, y ya no es una hostia. Ya no está la noción del hostium que se va a inmolar por otros. Lo que se ofrece es algo terrenal y horizontal y no ya algo divino y vertical. Lo que se ofrece es el fruto del trabajo del hombre y ya no se ofrece más a nuestro Señor. Lo que se ofrece es para que sea un intercambio alimenticio: se da un alimento corporal en vista de uno espiritual y no ya una víctima divina que se ofrecerá por todos los hombres en expiación de sus pecados, ofensas y negligencias. Lo que se ofrece hace alusión a los presentes pero deja de lado a los ausentes, al resto de los vivos esparcidos en la extensión del mundo, y menos se hace mención de las almas de los fieles difuntos. Lo que se ofrece hace alusión a que la misa es una cena, un banquete espiritual, una reunión de comensales, una Sinaxis y no ya un sacrificio, una expiación de culpas, una inmolación del Hijo de Dios, una renovación del Calvario, una prolongación de la Cruz del Viernes Santo. De ahí que el celebrante esté de cara al resto de los invitados y no de cara hacia la cruz: “versus orientem”, tanto él como el pueblo cristiano. De ahí que tenga un marcado papel de animador en vez de desaparecer de la mirada de los fieles. De ahí que celebre sobre una mesa, sin reliquias, con un solo mantel y no ya sobre un altar en donde hay reliquias de mártires.

Mis queridos hermanos: si la misa es una prolongación del sacrificio de la Cruz de nuestro Señor, si la misa es una renovación del sacrificio expiatorio, si sólo hay un único sacrificio, el del Viernes Santo, y este guarda una unidad y una identidad esencial con la santa misa, más allá del aspecto cuantitativo; si esto es así como la Iglesia nos lo ha enseñado siempre, uno se puede preguntar: ¿Cómo es posible que nuestro Señor se haya encarnado y que haya muerto en la Cruz con la principal intención de recibir y de transformar nuestros trabajos materiales en comidas espirituales? ¿Cómo es posible que se inmole nuestro Señor en la doble consagración por una razón tan insignificante y tan ajena a la expiación de los pecados, tanto del primero como del último que se cometerá hasta el fin del mundo, con una noción tan ajena a la redención del género humano? ¿Cómo es posible todo esto?

Amadísimos hermanos: más allá de que en la misa nueva haya consagración y pueda ser válida – aunque en más de un caso lo podemos dudar por la deficiencia de la materia, de la forma, del tono narrativo; asunto para tratar en otra ocasión – es una misa que no es agradable a Dios. es una misa cual el sacrificio de Caín: mezquina, y no es pura. Esa es la razón de porqué – y ustedes lo recordarán si han visto el video un obispo bajo la tormenta – cuando el Cardenal Ratzinger convoca a Monseñor Lefebvre en nombre del papa y le dice: Monseñor, ponga su mano sobre este misal – el de Pablo VI – y diga que va a celebrar la misa, y entonces todos los problemas con Ecône, con la Fraternidad, desaparecerán, Monseñor responde: No puedo. No respondió: “no quiero; quiero mantener mis ideas; por una cuestión de orgullo no voy a dar el brazo a torcer”, no dijo eso, dijo: no puedo, porque es un problema de conciencia. La misa nueva aunque válida, no es buena; ha dejado de significar su realidad y está imbuida de un espíritu protestante. Basta ver las ceremonias, lo que son, y encima en un devenir cuyo fin no se ve, no se vislumbra. Y entonces, si tanto Monseñor como nosotros, sus hijos, estuviéramos equivocados y fuéramos unos exagerados, unos soñadores de pesadillas, cabría la siguiente pregunta: ¿Cómo es posible entonces que el Cardenal Ottaviani, jefe del Santo Oficio en la época del Papa Pablo VI, y el cardenal Bacci hayan escrito un Breve Examen Crítico del Novus Ordo Missae que entregaron al papa mentado, en el que afirman que el rito que él se proponía promulgar:

Se aparta – cita literal – de manera impresionante, en conjunto, – en cuanto todo –, en detalle, – en cuanto a la parte –, de la teología católica de la santa misa cual fue formulada en la sesión XXIIa del concilio de Trento, el cual, al fijar definitivamente los cánones del rito levantó una barrera infranqueable contra toda herejía que pudiera menoscabar la integridad del misterio?

 

Entonces, ¿Cómo es posible que esta misa obligue en conciencia bajo pena de pecado grave con las deficiencias indicadas y tantísimas otras que se consignan en la obra citada y que recomendamos vivamente a las personas que son nuevas, que la puedan leer para interiorizarse del problema tan profundo que tiene? No es posible que esa misa obligue en conciencia.

Por fin, mis queridos hermanos, la predicación de hoy ha sido un poco más larga de lo común. En cierto modo, si proponemos una charla sobre estos temas, quién sabe si tuviésemos la ocasión de hablarle a toda la feligresía y no tan solo a un mínimo grupo reducido. Hemos aprovechado esto porque es necesario que todos tengamos la inteligencia bien esclarecida y podamos dar razones del porqué de nuestra adhesión a este rito multisecular que llega a los Apóstoles mismos, que llega a nuestro Señor, que llega a esos cuarenta días en su resurrección cuando se quedó con los suyos enseñándoles a administrar los sacramentos; y del porqué de nuestro rechazo al nuevo rito. Rechazo que no es ni por apegos sentimentales ni por añoranzas del pasado ni por “barroquismo espiritual” o por puras ideologías; como actualmente se podría escuchar.

La nueva misa refleja una nueva doctrina. La nueva misa refleja un nuevo sacerdocio, refleja una nueva concepción de la Iglesia que es antropocéntrica y – por desgracia – es esto lo que hoy vivimos, vemos y padecemos.

Que María Santísima, que estuvo al pie de la Cruz asistiendo a la misa de su Hijo, que sí fue acepta al Padre eterno, nos dé las gracias necesarias para asistir y para participar en ella con mayor entendimiento, con mayor piedad y con mayor respeto para que sepamos valorarla, conservarla y transmitirla con toda fidelidad.

Ave María Purísma...


(Padre Ezequiel M. Rubio, Sermón con ocasión de Preciocísima Sangre de Cristo, Julio de 2018.

lunes, 12 de julio de 2021

SAN JUAN GUALBERTO, ABAD

 Juan Gualberto, Santo

Religioso benedictino y Fundador, 12 de julio


Por: n/a | Fuente: Archidiócesis de Madrid



Religioso benedictino y Fundador

Martirologio Romano: En el monasterio de Passignano, en la Toscana, san Juan Gualberto, abad, que después de perdonar por el amor de Cristo al asesino de un hermano suyo, vistió el hábito monástico, y más tarde, deseando practicar una vida de mayor austeridad, puso los cimientos de una nueva familia monástica en Valumbrosa († 1073).

Fecha de canonización: 24 oct 1193 por S.S. Celestino III

Breve Biografía


Un tal Simón que fue dado a la magia y a la nigromancia en tiempo de los Apóstoles quiso, en Samaría, comprar por dinero el poder que presenció en Pedro de hacer bajar sobre los primeros bautizados al Espíritu Santo. Simón se había convertido a la fe, pero se ve que seguía aún apegado al oficio del que vivió y con el se que ganó la admiración de la gente que le llamaba "el Mago"; cuando vió que a la oración y gestos de Pedro sobreviene la fenomenal manifestación del Espíritu Santo, como sucedió en Pentecostés con la glosolalia, las lenguas de fuego y el ruido de viento celeste, no pudo aguantar su deseo ofreciéndose como comprador del don sobrenatural. La reprimenda del Apóstol no se hizo esperar; le amenaza Pedro con el castigo de Dios y deja asentada la doctrina nítida de que los dones sobrenaturales son regalos divinos ordenados a la salvación y que no pueden manipularse en bien propio como sucede con las mercancías materiales. Tan decisiva fue la intervención de Pedro ante el atrevimiento de Simón que su fea actitud quedó denominada con nombre de simonía y clasificada como grave desorden o pecado para el intento lucrativo de bienes sagrados o de materiales que son condición para lo sobrenatural.

Este ademán de Simón, la simonía, fue muchas veces una tentación para los clérigos. No de modo exclusivo, porque ha habido épocas en la historia en las que el poder civil se ha mostrado con injerencias indebidas en la distribución de bienes eclesiásticos y en la designación de dignidades que llevaban anejas unas ricas prebendas bien para comprar el apoyo de los eclesiásticos al poder constituído más o menos legítimamente o bien para recompensar los servicios prestados. Al referirme al mundo de los eclesiásticos, quiero decir que el afán de dominio y de poder ha estado con harta frecuencia en la intimidad de algunos que desempeñan oficio en el ámbito de la clerecía.

Y en este terreno de lucha sin cuartel contra la simonía sobresale Juan Gualberto, nacido en el castillo de su padre, un noble florentino poderoso y rico llamado igualmente Gualberto, en el siglo X.

Su madurez cristiana se palpó en el encuentro fortuito con un pariente que había matado a su hermano; no era posible evitar la escaramuza porque se cruzaban sus caminos y el numeroso grupo de gente armada que acompañaba a Gualberto auguraba para su enemigo la muerte segura; se superponen en el interior de Gualberto su deseo de venganza que postula el honor y el recuerdo de Jesús crucificado que perdona a los verdugos; supera lo que le pide la sangre con la memoria del mandamiento del amor, señal de los discípulos, y no tomó otra opción que la de perdonar al rendido enemigo; ha triunfado el amor, no sin la ayuda de Dios. Tenso por la lucha interna, entró en una iglesia para dar gracias y pudo ver -con asombro- a un crucificado que le movía la cabeza en señal de asentimiento y aprobación por su normal comportamiento cristiano.

Este cambio interior tuvo como manifestación externa la entrada en el monasterio benedictino de san Miniato. Muerto pronto su abad, uno de los monjes compró al obispo de Florencia la dignidad vacante. El hecho disparó la energía de Gualberto que se escapa del monasterio y a voz en grito, en plena plaza, proclama que Huberto, el abad, y Hatto, el obispo de Florencia, son herejes simoníacos.

Busca cenobios, pero encuentra relajada la observancia en todos. Incapaz y desilusionado, funda su propio claustro y una nueva congregación monástica bajo la regla de san Benito. Así nace Vallombrosa, en los Apeninos, donde se le van uniendo monjes a los que inculca como imprescindible la integridad, pureza y perfección de la regla de san Benito, haciendo hincapié en la observancia de la clausura rigurosa y negándose incluso a realizar ministerios fuera del monasterio por la experiencia vivida de que algunos destrozaron sus almas queriendo arreglar las de los demás. En poco tiempo recibe ofertas de fundaciones nuevas y de restauraciones de conventos ya existentes. Ninguna rechaza, pero toma precauciones. Él mismo en persona es quien reforma o funda y luego deja en el gobierno a los mejores peones; él hace las visitas pertinentes, y es él quien corrige, anima o reprende. Así lo ven los monasterios de san Silvi próximo a Florencia, el de san Miguel en Passignano y el de san Salvador en Fucechio que ampararon la red de caminos que atravesaba los Alpes para ir a Roma o regresar de ella.

Pero, de todos modos, lo que distingue a su persona y obra es la lucha contra la simonía mal tan grande en tiempo del emperador Enrique IV y cuando el papa Gregorio VII está clamando por la reforma intentando restaurar la vida cristiana principalmente entre los eclesiásticos. Ve Gualberto con nitidez que ese cambio es necesario. Por eso, en Toscana, hace un esfuerzo sobrehumano para sacar al clero del concubinato y conseguir una multitud de fieles fervientes que Dios quiso reunirle con poderes de taumaturgo. A la simonía la llamará la peor de las herejías e inculcará a sus monjes ser tan inflexibles en esos asuntos como lo fue Pedro con Simón el Mago. Les dirá que hace falta desenmascararles en público y no ceder hasta verlos depuestos de sus sedes como sucedió con el obispo Pedro Mediabarba, de Florencia. Claro que costó sangre y hasta hubo obispos que mandaron sicarios decididos a matar y llegaron a incendiarios.

Fue un santo recio, severo y peleón que se mostró intransigente cuando cualquier abad u obispo compraba un monasterio para ser su dueño como se es amo de un cortijo. Su irascibilidad en estos negocios se trocaba en entrañas maternales con los pobres a quienes alimentaba pidiendo limosna y aún a costa de la comida suya o de sus frailes.

Murió el 12 de julio del año 1073 en el monasterio de Passignano.

Curioso reseñar que fue muy abad, sí; pero nunca consintió recibir órdenes sagradas, ni siquiera las menores que hoy son ministerio laical.

SAN JUAN GUALBERTO

[X]

sábado, 10 de julio de 2021

EL MALIGNO CUENTO DE LA HERMENÉUTICA DE LA CONTINUIDAD

 HERMENÉUTICA DE LA CONTINUIDAD: Uno de los absurdos mas dañinos y destructivos para la Iglesia que se han ideado desde su nacimiento:

2 + 2 no es = a 4
continúa a
2 + 2= 4
...................................................................
Pocas veces en la historia de la Iglesia se ha encontrado algo mas absurdo, estúpido, delirante -y nefando-, que la Hermenéutica de la Reforma en la Continuidad conservadora liberal ratzingeriana, por la cual se pretende legitimar como continuación de la Tradición y la Iglesia de siempre, al liberalismo, al indiferentismo, al modernismo condenados por los Papas Católicos en repetidas oportunidades.
Este disparate inmensamente dañino pretende sostener que el error continúa a la Verdad; que la negación de la Doctrina es continuación de la Doctrina; que la impugnación de la Revelación es la continuación de la Revelación.
Como está alambicada desde el hegelianismo ha perdido consciencia de la contradicción interna paladina e insostenible.
Y tiene como petición de principio implícita que la Verdad depende del derecho positivo emitido por la Jerarquía; la Jerarquía al emitir derecho positivo crea verdad; la Verdad ha perdido su Divinidad, su objetividad; su trascendencia e independencia del capricho y las pretensiones locas de los hombres. Esto aunque explícitamente se sostenga lo contrario. Esta última es otra contradicción mas del delirio filosófico hegeliano.
Su larga aceptación por los conservadores liberales conciliares no le añade prestigio, sino lo contrario, apoya su carácter espúreo y disparatado, esencialmente cobarde y mediocre; su malignísima intención de igualar la Verdad y el error condenado. Su venenosa pretensión de casar a Cristo con Belial, en una actitud de sincresis y tibieza digna de ese vómito que el Señor dedica en Apocalipsis a los "conciliadores", "aplanadores", sincretistas, conformistas con el error, legitimadores del mal para evitar la "violencia".
Es el aplanamiento maligno de la Verdad hasta fundirse con el error en el Malestrom de la dialéctica hegeliana.



miércoles, 7 de julio de 2021

SANTOS CIRILO Y METODIO, OBISPOS Y CONFESORES

 SANTOS CIRILO, MONJE Y METODIO, OBISPO

Patronos de Europa, hermanos

Fiesta 7 DE JULIO 

San Cirilo y San Metodio toman precedencia sobre San Valentín en la liturgia.

Cirilo. Apóstol de los eslavos.

Nacido en Tesalónica, en la nobleza griega. Hizo brillantes estudios en  Constantinopla y enseñó filosofía en esa ciudad. Como monje tomó el nombre de Cirilo. Evangelizó en Rusia con gran éxito.

En el 863, se dirigió con su hermano Metodio a evangelizar a Moravia en la lengua nativa. Algunos del clero occidental se les opusieron y rehusaron ordenar a sus candidatos al sacerdocio.

Desarrollaron el alfabeto de la lengua eslava. Después de críticas por usar este lenguaje en la liturgia, fue aceptado.

Entre los dos publicaron los textos litúrgicos en lengua eslava escritos en caracteres "cirílicos", como después se designaron en honor a San Cirilo. Promovieron grandemente la cultura y la fe.

Llamados a Roma, Cirilo murió allí el 14 de febrero del año 869. Puede que haya sido obispo o que se haya muerto antes de la consagración.

De San CiriloAcrecienta tu Iglesia, y reúne a todos sus miembros en la unidad


Metodio, consagrado obispo, marchó a Panonia, donde desarrolló una infatigable labor de evangelización. Tuvo que sufrir mucho a causa de los envidiosos, pero contó siempre con el apoyo de los papas.  Evangelizó en Moravia, Bohemia, Panonia y Polonia. Bautizó a San Ludmila y al duke Boriwoi. Fue arzobispo de Vellehrad, Eslovaquia, donde fue apresado en el 870 por la oposición del clero alemán. Algunos le acusaron de hereje, pero siempre fue liberado de cargos. Tradujo la Biblia a la lengua eslava.

Murió el 6 de abril del año 885 en la ciudad eslovaca de Vellehrad.

 

lunes, 5 de julio de 2021

SAN ANTONIO MARÍA ZACCARÍA, CONFESOR

 SAN ANTONIO MARIA ZACCARIA

Sacerdote y fundador. +1539.
Fiesta 5 de julio

Patrono de médicos y de las ciudades de Cremona, donde nació y de Milán, donde vivió.

De su sermón a sus hermanos de religión>>

Vida de Santo

Nació en Cremona, ciudad de Lombardia, Italia, en 1502. Cuando tenía dos años murió su padre, Lazzaro. Su madre, Antonia Pescorali, queda viuda a los 18 años pero no quiso volver a casarse y se dedicó a la educación de su hijo.

Antonio María estudió medicina en la Universidad de Padua. Aunque era de familia adinerada, desde joven renunció a los vestidos elegantes y a los ambientes de juerga. El dinero que ahorraba lo repartía entre los más necesitados.

A los 22 años recibió el doctorado y se graduó de médico, deseando poner su profesión al servicio de los pobres y ayudarles al mismo tiempo a encontrarse con Jesús. Pero el Señor lo llamó al sacerdocio. Fue ordenado a los 26 años de edad, convirtiéndose así en médico de los cuerpos y de las almas. Entregó su herencia a su madre. Se dice que vieron ángeles en torno al altar durante su primera misa.

Desde niño, Antonio tuvo gran amor por los pobres. Volvía a veces a casa de la escuela sin saco, por haberlo regalado a un pobre. Ya como sacerdote, todo lo que consigue lo reparte entre los pobres.

Fue a vivir a Milán, la gran ciudad del norte de en Italia, para poder extender su apostolado. Allí, junto a la hermana Luisa Torelli fundó la comunidad de las hermanas llamadas "Angelicales de San Pablo" (nombradas así porque su convento se llamaba de "Los Santos Angeles"). Su apostolado era con las jóvenes en peligro o ya caídas en vicios.

Luego fundó la "Sociedad de Clérigos de San Pablo" los cuales, por vivir en un convento llamado de San Bernabé, fueron llamados por la gente "Barnabitas". Se dedicaron a predicar el Evangelio, con gran devoción al amor a la Pasión y Cruz del Señor. Buscaban la renovación espiritual del pueblo. Animaban a los laicos a recibir con frecuencia la Eucaristía y a trabajar en el apostolado. San Carlos, arzobispo de Milán, dijo de ellos: "Son la ayuda más formidable que he encontrado en mi arquidiócesis".

San Antonio María tenía un profundo amor por la Eucaristía. Propagó la devoción a las Cuarenta Horas, que consiste en dedicar tres días cada año, en cada templo, a honrar solemnemente a la Eucaristía con rezos, cantos y otros actos solemnes de culto.

Tenía gran devoción a la pasión y muerte de Cristo. Cada viernes, a las tres de la tarde hacía sonar las campanas para recordar a la gente que a esa hora había muerto Nuestro Señor. Siempre llevaba una imagen de Jesús crucificado, y se esmeraba por hacer que todos meditaran en los sufrimientos de Jesús en su Pasión y Muerte, porque esto aumenta mucho el amor hacia el Redentor.

Una tercera devoción fue por las Cartas de San Pablo. Su lectura lo emocionaba e inspiraba en sus prédicas. A sus discípulos les insistía en que las leyeran frecuentemente y que meditaran sus enseñanzas. 

Vivió en el tiempo de Lutero quien proclamaba una reforma llena de graves errores doctrinales. Muchos católicos tenían el santo deseo de una verdadera reforma para vencer la frialdad y el pecado. Esa verdadera reforma debía ser en todo fiel a la Iglesia la cual siempre necesita de santos reformadores. Uno de ellos fue San Antonio María, como también San Ignacio y sus jesuitas.

Siendo un joven de 37 años, iba en una misión de paz, sintiéndose mal fue a casa de su madre y murió en sus brazos el 5 de julio de 1539. Se dice que tuvo una visión de San Pablo antes de morir. Su trabajo por Cristo y sus Iglesia había sido enorme.

Está enterrado en Milán, en el convento de San Pablo

Beatificado: 1849 por el Papa Pio IX

Canonizado: 
1897 por el Papa León XIII

Oración
Señor, que encendiste en el corazón de san Antonio María Zaccaría un ardiente celo por la salvación de sus hermanos. Te pedimos por su intercesión que nos sintamos siempre urgidos a evangelizar a los hombres de nuestro tiempo por amor a Ti. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén


FUENTE 




ROMA PRETENDE QUE LA FSSPX NO ROMPA "LA COMUNIÓN"...PERO COMUNIÓN EN QUE?

"LOS LEFEBVRISTAS ROMPEN LA COMUNIÓN CON PEDRO; ES INACEPTABLE BAJO TODO PUNTO DE VISTA!" afirman neocones apologetas MK-Ultra hip...